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Festival Zaragoza Jazz

La crítica de Javier Losilla del concierto de Dhafer Youssef: Un almuédano en el paraíso de la música

Los aficionados catalogan su música como 'worldly jazz', estableciendo un paralelismo entre su oferta y las llamadas músicas del mundo

Dhafer Youssef, en el concierto de este sábado. AUDITORIO DE ZARAGOZA

El laudista tunecino Dhafer Youssef es un hombre de jazz, pero también es un músico que incluye en sus composiciones el canto sufí y maneja la paleta rítmica del Magreb. De ahí que los aficionados a las catalogaciones llamen a su propuesta 'worldly jazz', una etiqueta que pretende establecer un paralelismo entre su oferta  y las llamadas músicas del mundo. El sábado, Youssef llegó al Festival Zaragoza Jazz acompañado por tres músicos excelentes: Shayan Fathi, batería; Swaeli Mpape, bajo eléctrico, y Daniel García, piano. Con ellos facturó un concierto espléndido de casi dos horas de duración, armando un programa con casi todas las piezas de 'Street Of Minarets', su nuevo álbum, que se publicará a comienzos de 2023, y alguna más antigua, como 'Cheerful Meshuggah', del disco de 2016 'Diwan of Beauty and Odd'.

Y no es casual que en la grabación de ese álbum hayan participado instrumentistas como Ambrose Akinmusire, Vinnie Colaiuta (Frank Zappa), Herbie Hancock y Marcus Miller (Miles Davis), pues el quehacer de esos músicos de lujo (también de otros) estuvo muy presente en el programa que el tunecino desarrolló el sábado. Una forma de trabajo que sigue, por ejemplo, este patrón: una introducción de laúd establece un suave diálogo con el piano (cuerdas rasgadas, no percutidas); luego viene un canto sufí, en el que Dhafer demuestra los extraordinarios registros de su voz (hermosos los graves e increíbles los agudos, que pasados por un micrófono sintetizado pueden sonar como la trompeta de Miles Davis o como una guitarra con efecto wah-wha), y después se ataca un largo desarrollo en el que se pueden reconocer tanto las maneras de Hancock como las de Weather Report, por ejemplo.

En otras ocasiones, la composición despega con un piano a lo Chick Corea, pero tras una tanda de compases precisos las teclas transmutan en piano oriental, a la manera de Maurice El Mediouni, al que se suman laúd, piano y batería en un suculenta y envolvente babel de lenguajes musicales. Embrujan, también, los ecos 'gnawa' en un armazón de base funk, o esa especie de suite española de jazz-rock con la que Youssef concluyó la actuación. Hay mucha y buena música en un concierto (también en sus discos, claro) de este creador brillante e incansable. Si quieren pueden llamar a eso 'worldly jazz', jazz-rock del norte de África o revuelto de setas. ¡Al diablo con las taxonomías! Youssef es un almuédano laico que desde el minarete construido con el laúd y la voz llama, más que a la oración, al placer infinito de la música. Alá será grande, pero él es la leche.

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