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Uno de los festivales musicales con más historia de la capital aragonesa

El futuro del jazz hace vibrar a una sala Luis Galve abarrotada

El concierto de Jazz for Kids ha sido el gran protagonista de la última jornada del ciclo zaragozano

El concierto de Jazz for Kids se ha celebrado en una Luis Galve abarrotada. ANGEL DE CASTRO

Toda disciplina artística que se precie necesita de una cuidada cantera que siga surtiendo de talentos el ámbito que corresponda, en este caso el musical. Y, para ser más concretos, el género del jazz. Bajo este planteamiento, el festival más reconocido del género negro en la capital aragonesa dedica, desde hace unos años, una parte importante de su programa al proyecto aragonés Jazz for Kids. Una iniciativa que ha sido la encargada de iluminar –o mover, más bien– el Auditorio de Zaragoza en la última jornada de tan inisgne ciclo, celebrada este mediodía ante una sala Luis Galve abarrotada. Esto último, por cierto, en sentido literal, pues apenas quedaron sin vender unas pocas butacas en las zonas de visibilidad reducida.

No ha sido un espectáculo escolar, ni una demostración del progreso de los alumnos en los últimos meses. Ha sido un concierto más, con todas sus letras, del nutrido programa de la que ha sido la trigésimo novena edición del Festival de Jazz de Zaragoza. La actuación de estos jóvenes artistas, de entre 9 y 19 años, ha sido coral de principio a fin. Además, ha sido un 'show' absolutamente fiel al género al que pertenece, con un viaje acompasado entre sus distintas acepciones, desde el funk al góspel, pasando por el jazz vocal o por el swing. Todo ello ante un público entregado, que ha seguido al pie de la nota las indicaciones del director Dani Escolano.

Y es que Escolano no se ha dedicado únicamente a que sus pupilos siguieran sus directrices, sino que ha contagiado a unos asistentes que seguían el ritmo con sus palmas. Entre el público había gente de todas las edades, pero, sin duda, quienes más implicados se mostraron fueron los más pequeños. Quien sabe si, en un futuro, serán ellos mismos quienes estén al otro lado de las tablas, intercambiando su rol curioso con el de protagonistas absolutos. Escolano afirma, en ese sentido, que algunos de los músicos de la escuela fueron antes espectadores. Algo para lo que ayudan, por motivos obvios, llenos como el de ayer. «La verdad es que estamos emocionados ante la acogida que ha tenido el concierto», asegura el director de Jazz for Kids a este diario.

Volviendo al concierto, la variedad de estilos ha sido una tónica constante. Un repertorio que incluía piezas dedicadas a los grandes del género, como Dizzy Gillespie, o temas más interactivos, en los que el público debía adivinar, por ejemplo, cuales eran los instrumentos que estaban llevando a cabo los solos que tanto caracterizan al jazz, indetectables a primer oído. Para lograr una conexión con ese público (tan) juvenil, Dani Escolano tuvo que hacer gala de un gran sentido del humor, de forma que los niños y niñas más pequeños no perdían ni un ápice de su atención a lo que sucedía sobre el escenario.

En esa línea, Jazz for Kids es un proyecto que el año que viene alcanzará su décimo cumpleaños. La iniciativa comprende el desarrollo de niños de toda la comunidad que entran con tan solo 8 o 9 años y que salen una década después. Unos, deciden dedicarse profesionalmente al jazz tras este período. Otros, en cambio, siguen dedicándose a él como un hobby. En cualquier caso, su paso por la escuela, pionera en Aragón, les deja ligados para siempre a los ritmos del género. «Hace diez años no había nada en Aragón, sobre todo comparado con otras comunidades», cuenta el director Dani Escolano, quien subraya, no obstante, que la afición por el jazz era patente en la sociedad. Con esa vocación nació Jazz for Kids. Y con ella sigue a día de hoy. «En estos diez años hemos notado un gran cambio», expone Escolano. «La cantera es de mucha más calidad, y además hay muchas más propuestas profesionales, lo cual nos abre muchas puertas –concluye–. Ahora, solo nos queda esperar a que pasen cosas».

Un festival al "máximo nivel"

Y qué mejor forma de que esas cosas pasen, que con festivales como el concluido este domingo en la capital aragonesa. 39 ediciones que ya son historia del jazz aragonés, gracias, entre otros, a la labor de su director, Jaime Borobia. «Hemos tratado de poner el festival al máximo nivel tras dos años de déficit, en los que pudimos mantenerlo pero con muchas restricciones», señala Borobia a este diario.

El jazz vocal fue una de las disciplinas más aclamadas por el público. ANGEL DE CASTRO

La variedad de estilos reflejada en el concierto de Jazz for Kids no es sino una extensión de la esencia del propio género, al que el festival trata de rendir justicia cada vez que prepara una nueva entrega. «Tenemos un amplio arco de estilos que va desde las apuestas más arriesgadas e innovadoras hasta el jazz más clásico», detalla Borobia. Así, conciertos como el de Immanuel Wilkins o el de Dhafer Youssef representan a la perfección «el jazz del siglo XXI», mientras que otros como el de Billy Cobham se aferran a la tradición del mismo.

En cuanto al futuro, el festival no limita su ámbito formativo a los conciertos de Jazz for Kids –este año han sido ampliados de dos a tres, siendo uno de ellos un espectáculo infantil llevado a cabo por los docentes–, sino que las sesiones didácticas están a la orden del día. En este sentido, más de 2.500 niños pasaron por la Luis Galve entre el miércoles y el viernes de la pasada semana. «Ha habido una explosión importante en la última década, con nuevas generaciones desarrollando nuevos proyectos», sentencia Borobia.

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