MÚSICA EN DIRECTO
La crítica de Javier Losilla: Guitarricadelafuente, la canción sin prejuicios
El artista de raíces aragonesas actuó el sábado en Pirineos Sur

Guitarricadelafuente, en el concierto que ofreció el sábado en Lanuza. / Jaime Oriz

Guitarricadelafuente tiene la falsa ingenuidad del primer Albert Pla y el talento de quien sabe que la música trasciende fronteras y taxonomías. Posee, además, la habilidad de llenar un recinto como el Auditorio Natural de Lanuza de varios miles de jóvenes que corean, agárrense, A mi manera, la pieza que popularizó Fran Sinatra, y que guardan un silencio de catedral cuando Guitarrica interpreta Albada, de José Antonio Labordeta. Nacido en Benicassim, en 1997, y con una abuela aragonesa (de Las Cuevas del Cañar, en Teruel), Álvaro Lafuente (ese es su nombre real) es un fenómeno musical nacido en las redes sociales y crecido en los escenarios. Un fenómeno, por cierto, incontestable.
Epítome del folclore del siglo XXI, Guitarricadelafuente atrapa a los espectadores con una forma de cantar que parece dirigirse no a una multitud sino a cada persona en particular, a cada escuchador de un repertorio de textos que atrapan y músicas que picotean en variadas flores sonoras de lo popular: de la jota al son; del swing al rap; músicas que mantienen sus raíces, pero transforman las puntas a través de una instrumentación contemporánea y de unos arreglos audaces.
Pese a su juventud, este artista de lo minimal con resultados de máxima audiencia, que el sábado actuó en Pirineos Sur, conoce muy bien los materiales con los que trabaja, lo que le permite demostrarnos, por ejemplo, la cercanía existente entre la jota aragonesa y las alegrías flamencas. Piezas como ABC, Quién encendió la luz y Agua y mezcal, que forman parte de un repertorio armado paso a paso, defendido en directo con alma, son ejemplos vitales de una manera de entender y situar una música sin tiempo en el contexto de la generación de su intérprete.
Guitarricadelafuente, que cuenta en su grupo con otro iluminado (en el sentido de búsqueda y encuentro) del folclore (el murciano Maestro Espada) marca su territorio musical con un cancionero elocuentemente transformador. Forma parte de ese reducido grupo de artistas españoles tan libres de prejuicios como de espíritu.
La velada, fría de temperatura, por cierto, la abrió el músico australiano Xabier Rudd, un peculiar cantautor y multiinstrumentista que actúa solo, pero se rodea de tantos instrumentos que parece una orquesta. Sus canciones muestran compromiso, espiritualidad y respeto por los aborígenes de su país. Las lanza acompañándose con instrumentos indígenas como el didgeridoo, una notable colección de guitarras, batería, percusiones, armónica y bases electrónicas.
Tiene, reconozcámoslo, composiciones de peso, pero el variadismo del que hace gala distorsiona el resultado final. Hay ocasiones en las que parece que actúa para neojipis; otras, para raveros de la canción de autor, otras… Hizo una actuación demasiado larga para este cronista, pero, a juzgar por la respuesta, muy ajustada para el público. Es lo que hay.
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