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MEMORIA HISTÓRICA

La Cartuja de las Fuentes revela nuevos grafitos de la guerra civil

Aparecen nuevas marcas en las zonas donde se acuartelaron los milicianos. Los investigadores están trabajando en la documentación de los restos descubiertos

 

Grafitos sobre la guerra civil descubiertos este mes en la Cartuja de Monegros. - ALBERTO LASHERAS

Un ‘No pasarán’ no observado antes en la Cartuja de las Fuentes - ALBERTO LASHERAS

D. CHIC
30/01/2021

La semana pasada los milicianos de la guerra civil que combatieron en la comarca de los Monegros lanzaron de nuevo su mensaje al mundo. Tras una pared de cal en la casa de obediencias de la Cartuja de las Fuentes se descubrieron nuevas inscripciones grabadas en la pared, ocultas por una capa de cal. Su iconografía mezcla la siglas de la CNT y la FAI junto al perfil de una ermita. Un descubrimiento que se suma a los numerosos vestigios catalogados previamente estas tipologías. El enorme edificio religioso situado en el término municipal de Sariñena es el lugar en el que se encuentran los restos más conocidos, pero en localidades como Tardienta, Alcubierre o Torralba se pueden encontrar mensajes que han sobrevivido a los meses más convulsos de los años 30 en las casas con más soleras.

Una de las personas que ha contribuido de forma activa en los últimos años en la recuperación de estas inscripciones es Alberto Lasheras. Él fue el que descubrió estas últimas inscripciones en las que refleja el día a día del conflicto armado. Al trabajar en el interior del recinto ha tenido que mostrar a muchas personas estas inscripciones, incluso a familiares de los soldados que dejaron su firma. «Lo cierto es que el tema de los grafitis y los años de la última guerra, despiertan gran interés entre los visitantes», desvela.

Desde 2018, y a través de una beca del Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA), se ha hecho un profundo trabajo de investigación y documentación sobre estas pintadas, trazos o grabados que se encuentran en la Cartuja de las Fuentes. Conforme se avanza en los trabajos de restauración de este conjunto monacal, se descubren nuevas inscripciones y dibujos de las tropas que lo ocuparon durante la guerra civil. Sin embargo, su conservación no está garantizada. No se puede olvidar que muchas de estas inscripciones se encuentran sobre una capa de cal que cubre las pinturas de Bayeu, así que serán los restauradores encargados de los trabajos los que decidan si se conservan o se documentan y se destruyen para dejar visibles las pinturas originales.

La comarca de los Monegros también cuenta con grafitos de este tipo en otro tipo de edificaciones. Algunas están en manos de particulares y serán los propietarios de las viviendas donde han quedado estos restos de memoria los que decidan sobre su conservación. Es el caso de Torralba de Aragón. En la localidad, según destaca el periodista Víctor Pardo se habilitaron varias casonas como hospitales de sangre, incluido el edificio de las escuelas. En la última planta de una céntrica y enorme vivienda que acogió heridos y convalecientes se ha conservado este mural de gran tamaño, además de un buen número de inscripciones alusivos a la situación personal o procedencia de los combatientes. Cada gota de vuestra sangre es hoy una semilla; mañana una flor de libertad, escribió sobre la pared, en rotundas letras mayúsculas, un miliciano de la FAI.

Calidad artística

Lasheras tiene documentadas muestras similares en edificios de relevancia de Alcubierre. Destacan las de casa Ruata, un palacio colectivizado que fue usado como sede del CNT y en el que se instalaron las fuerzas enviadas desde Cataluña. Sus figuras tiene «cierta calidad artística» y reflejan la dureza de aquellos años de levantamientos y entusiasmo popular.

Con todo, los restos de la guerra civil en la cartuja monegrina son solo una parte minúscula del patrimonio que un visitante puede disfrutar en su interior. La Diputación Provincial de Huesca adquirió el edificio en junio del 2015. Desde entonces la institución ha invertido más de un millón y medio de euros en diferentes actuaciones, tanto para la rehabilitación de parte de las instalaciones como en trabajos de acondicionamiento de estancias y limpieza del recinto o la adquisición de elementos que en su día formaron parte del conjunto y que fueron vendidos, como el Libro de Actas o, más recientemente, el boceto de Fray Manuel Bayeu La adoración de los pastores.

En cuanto la iglesia, ubicada en el recinto y edificio principal del mismo, la DPH recibirá en las próximas semanas las obras de restauración del atrio y está a punto de licitar los trabajos de recuperación de las pinturas ubicadas en la bóveda de la iglesia. Próximamente se licitarán también las obras para la rehabilitación del edificio de las porterías, que se convertirán en un centro de acogida para los miles de visitantes que cada año llegan hasta la Cartuja para conocer sus instalaciones, historia y rico patrimonio histórico y artístico. Llaman la atención inscripciones sobre las obras sacras como el No pasarán de un miliciano, observada este mes por primera vez en el claustrillo o la anticlerical reflexión que otro soldado dejó en las capillas: La religión es la muleta de los estúpidos y los ignorantes.

El interés que producen estas pintadas se mantienen en el presente. Los propios guías se han encargado de localizar a los familiares de aquellas personas que firmaron con nombres y apellidos. La emoción que sienten cuando pueden visitarlas es enorme, reconocer Lashera.

Cambio en el frente

Finalmente, las esperanzas de aquellos hombres que dibujaron aviones, soldados y documentaron la rutina del frente en las paredes de un territorio en guerra se desvanecieron. Al romper el frente de la sierra de Alcubierre en marzo de 1938, los republicanos abandonaron el monasterio y desmantelaron las colectividades en las que habían invertido tantos esfuerzos, quedando todo el territorio ocupado por las tropas franquistas.

Aunque pueda parecer lo contrario, esta situación no salvó los muros de los edificios religiosos de servir como lienzo para los militares. Lasheras explica que el coronel Eduardo González-Gallarzalo utilizó como cuartel general de la escuadra de caza-bombarderos Junquer 52, que operaban desde los aeródromos cercanos. Aprovechó las paredes para marcar la distribución de sus unidades. Y ahí queda su presencia.

 
 
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