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ENSEÑANZA DE ADULTOS

Mayores con clase

La Universidad de la Experiencia despeja sus problemas financieros y alcanza 1.300 inscritos, una cifra récord

 

J. OTO
08/10/2014

Sebastián y Armando lucen sonrisa a las puertas de la sala del Paraninfo donde, ayer, tuvo lugar la inauguración oficial de la XIV edición de la Universidad de la Experiencia. Con 71 y 70 años, respectivamente, admiten que jamás llegaron a imaginar la posibilidad de acudir a la universidad. "Y llevar seis años ya, ni te digo", coinciden. Ellos son dos de los más de 1.300 alumnos inscritos este curso en unas enseñanzas que, lejos de acusar los extraordinarios problemas económicos sufridos a lo largo de los dos últimos años, siguen creciendo hasta alcanzar ahora la cifra más alta de matriculados. "Algo tendrá", apunta Armando.

Atrás queda el esfuerzo "pequeño, no se crea", que los alumnos debieron realizar para garantizar la continuidad del proyecto ideado en 1996 por Agustín Ubieto --que deja el cargo este año y es relevado por Ernesto Arce-- y puesto en marcha hace 14. Un déficit de 45.000 euros ignorado por las instituciones obligó a asumir un desembolso extra. "Pero lo hicimos encantados y con mucho gusto porque esto es impagable para nosotros", asegura Sebastián.

De hecho, la Universidad de la Experiencia, que imparte enseñanzas en Zaragoza, Huesca, Teruel, Sabiñánigo, Utebo, Jaca, Barbastro, Calatayud, Ejea, Monzón, Alagón, Fraga y Alcañiz, es "un sueño" para estos dos alumnos. "Aprendo muchas cosas que no sabía y en otras he mejorado gracias a esta idea que, además, me ha dado la oportunidad de abrirme y contactar con grandes personas con mis mismas inquietudes", indica Sebastián.

A escasos metros, José asiente. Él es menor que sus dos compañeros --la Universidad de la Experiencia está abierta a partir de los 55 años--, pero coincide con ellos en que esta experiencia "me da la vida" y, además, obtiene el aplauso unánime de la familia. "Tengo nietos desde 4 a 16 años y están alucinados de que su yayo vaya a la universidad. Es maravilloso", resalta Sebastián.

"Es una manera de aprovechar el tiempo libre porque, cuando te jubilas, paseas, diriges obras y juegas al guiñote, pero hay que aprender hasta el último momento de tu vida", asevera Armando.

 
 
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