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La entrevista de la semana

Longás: «Me venía abajo cuando jugaba mal. Sufría mucho»

 

Antonio Longás posa para EL PERIÓDICO en las inmediaciones de la sede del diario. - chus marchador

Jorge Oto Jorge Oto
06/05/2019

–¿Qué vida lleva?

–No me puedo quejar. Ahora ando por Zaragoza haciendo el curso de primer nivel de entrenador. Vine tras cuatro o cinco años en Barcelona y haber acabado de jugar en el Sabadell porque monté una empresa con un par de amigos del colegio y otra chica de Mallorca. Hacemos mochilas. Lo compramos todo en Barcelona y las hacemos nosotros en un taller.

–Todo un emprendedor…

–Ahora lo he dejado un poco y me he venido a Zaragoza, pero sigo siendo socio y voy a Barcelona cada semana para echar una mano en lo que pueda.

–Hace ya cuatro años que colgó las botas. Lo hizo sin hacer ruido, casi sin que nadie se diera cuenta…

–Me pongo a pensar y la verdad es que todo ha pasado muy rápido desde entonces. Cuando jugaba se me hacían las horas eternas y ahora los años se pasan volando. Mi última temporada en el Sabadell, con 30 años, apenas jugué y recuerdo estar ese verano recuperándome en el gimnasio, pero el cartílago es jodido y no regenera. Me estuvieron pinchando, pero la rodilla no respondía.

–Le quedaba mucho fútbol...

–Me quedaban varios años todavía. Me encontraba bien en Sabadell y había hecho muy buena temporada. Casi habíamos entrado en playoff, pero ya acabé renqueante y, a la siguiente campaña, cada vez que iba a entrenar se me hinchaba la rodilla y había que sacar líquido. Me ofrecieron varios equipos para recuperarme pero yo ya sabía que no había mucho que hacer.

–¿Cómo y cuándo tomó la decisión?

–Coincidió con una época muy difícil en el plano familiar. Mi padre estaba enfermo –luego falleció– y mi madre también se puso mala. Ellos estaban aquí en Zaragoza pasándolo mal y yo me estaba operando en Barcelona. Era todo extraño. Cuando empezó la temporada murió mi padre y, al menos, tuve tiempo para pasar con él sus últimos meses. Así que no fue una retirada normal. Al menos, mi madre se recuperó, la operaron y ya está bien. Han pasado ya cuatro años. Parece mentira.

–El palo fue gordo, pero había otros que lo eran más, pues.

–Ahora que lo veo con perspectiva pienso que es un palo gordísimo dejar el fútbol con 30 años para cualquiera que le gusta esto, pero como pasó todo aquello, le restas importancia.

–¿Lo echa de menos?

–Sí. Intento jugar alguna pachanga con los amigos y veo fútbol en la tele. Y sueño. Sueño mucho con fútbol.

–¿Y con qué camiseta juega?

–¿En mis sueños? Con la del Zaragoza y en La Romareda. Luego no recuerdas muy bien el sueño, pero casi siempre visto la camiseta de mi equipo. La del Real Zaragoza.

–La sensación es que nos henos perdido a Longás y que el zaragocismo no lo disfrutó.

–Me habría gustado jugar aquí toda mi carrera, pero eran circunstancias y una época diferente a la actual. La gente me dice que si yo jugara en este Zaragoza, tendría sitio seguro, pero es que entonces el Zaragoza tenía un equipazo y me tuve que ir cedido. Recuerdo que en mi última etapa en el Sabadell Víctor Muñoz quiso reunirse conmigo para que volviera, pero lo tuve que dejar porque ya estaba muy fastidiado con la rodilla.

–¿No vino porque no pudo?

–Había varias causas, pero, sobre todo, llevaba varios meses con la rodilla mal. Y no quería venir al Zaragoza así. Se me inflamaba la rodilla, me dolía mucho y sabía que era algo grave. Pero, además, el Sabadell había apostado por mí tras una mala etapa en el Racing, me fichó cuando peor estaba y también les debía cierto compromiso.

–¿Con qué se queda?

–Con muchas cosas. El fútbol te permite vivir muchas historias y conocer mucha gente. Cuando lo dejas te das cuenta de lo que has vivido y de lo bonito que ha sido. En cuanto a momentos puntuales me quedo con mi debut en La Romareda. Fue contra el Mallorca y yo salí en el minuto 37 en sustitución de Aimar, mi ídolo desde pequeño. Ganamos y acabé reventado. Recuerdo que pensaba en la imagen que iba a dar ante los medios que requerían mi presencia por haber debutado. Estaba agotado y a eso se sumaban los nervios del estreno. Pero fue inolvidable. Como la ovación de la gente. Increíble.

–Jugó nueve partidos en Primera con el Real Zaragoza. ¿Siente que no se creyó en usted?

–Siempre tienes cierta espina clavada. Me habría encantado jugar aquí muchos años, pero te das cuenta de que ha habido un montón de jugadores que también se tuvieron que ir a buscar su trayectoria en otro sitio. Muchas veces pienso que si empezara a jugar ahora creo que cambiaría muchas cosas, pero también porque mi forma de verlo todo no es la misma que entonces. Antes yo le daba muchas vueltas a la cabeza, me venía abajo cuando jugaba mal y creo que esa no era la mentalidad adecuada. Muchas veces me decían que era un empanado o que no me gustaba el fútbol, pero no era así. Por dentro estaba jodido y sufría mucho. Ahora, tras los palos de la vida, actuaría de otra manera y disfrutaría mucho más.

–¿Ha sufrido con el fútbol más de lo que ha disfrutado?

–Puede ser. No sabría decirle pero, como dijo Zapater, en el fútbol si no estás en el Madrid o el Barcelona se pierde más que se gana. En todo caso, es un privilegio ser profesional, hacer lo que te gusta, jugar en Segunda y vivir bien. Pero sufres porque lo haces mal o pierdes y entonces no te das cuenta. Sin duda, ahora disfrutaría mucho más del fútbol.

–¿Ese sufrimiento le acompañó siempre?

–Mire, empecé jugando a fútbol sala en mi colegio, el Británico. Y recuerdo que cuando era pequeño me salía a vomitar a mitad de partido y luego volvía. Eran los nervios. Me lo pasaba muy bien y era lo que más me gustaba. Siempre estaba con la pelota, pero a la hora de competir, mi exceso de responsabilidad y cumplir con los objetivos que me había marcado me jugaba malas pasadas. Veía que tenía aptitudes y me frustraba muchas veces.

–¿A usted le gustaba cómo jugaba?

–Sí. Era consciente de que había partidos en los que no jugaba bien o no participaba. Pero cuando me salían bien las cosas disfrutaba mucho. También sabía que tenía limitaciones y que me faltaban muchas cosas. Por ejemplo, en la posición donde jugaba, de medioncentro ofensivo o mediapunta, tenía un hándicap brutal: no metía goles. También sabía que no tenía físico para correr todo el partido y defensivamente me faltaba, pero me gustaba jugar. Ahora me veo en vídeo y pienso que jugaba bastante bien, pero era muy autocrítico.

–Da la impresión de que usted quería hacer feliz a la gente pero usted no lo era.

–Yo era feliz cuando jugaba y disfrutaba en el campo si me salían las cosas, pero con mi mentalidad de ahora lo habría sido mucho más y habría disfrutado más. Supongo que tiene que ver con la madurez.

–¿Quién le dijo que no cabía en aquel Zaragoza que acabó descendiendo a Segunda?

–Recuerdo qua hablé con Víctor Fernández en pretemporada y me dijo que, con 22 años, lo mejor era que me fuese cedido y crecer. Había estado la anterior temporada en el primer equipo pero entonces se fichó a Matuzalem y estaban Movilla, Celades o Zapater. Víctor me dijo que confiaba en mí, pero que era la mejor opción y yo así lo entendí también. Acepté porque no podía estar otro año jugando poco. El palo fue el año siguiente, cuando el Zaragoza, tras haber bajado, me dice que no cuenta conmigo.

–Cuente.

–Fue más una decisión del club que de entrenador. Fui a hablar con Marcelino y me dijo que el club le había dicho que no iba a seguir pero que hasta que todo estuviera resuelto, seguiría con él. Ya había hablado con Luis Enrique y Barberá, su segundo, para ir al filial del Barcelona. Me ofrecían hacer la pretemporada con el primer equipo, pero el Zaragoza ni contaba conmigo ni me dejaba salir. Es el peor recuerdo que tengo. No entendía qué estaba pasando, pero hice la pretemporada con Marcelino y una semana antes de empezar la liga, me llamó Luis Enrique para preguntarme si había hecho algo gordo para que no me dejaran salir. Al final pude ir, pero llegué lesionado.

–Y ya no volvió….

–Ya le digo que Víctor Muñoz me quería tras un último año en el Sabadell muy bueno en el que me salió un buen partido en La Romareda.

–¿Quién le falló?

–Nadie se portó mal conmigo específicamente. Marcelino venía con sus ideas, y yo lo entendí. Fue sincero y de cara y me dijo que me quedara hasta que encontrara el sitio adecuado porque el club le había dicho que me iba a ir, pero yo no entendía la situación. Si no me querían ni contaban conmigo, solo pedía que me dejaran salir. No entendía que me hicieran eso.

–¿Cómo es Guardiola en las distancias cortas?

–Tuve la suerte de subir a entrenar alguna vez con el primer equipo y realmente el trato es brutal. Noté mucha diferencia en lo que al contacto con los canteranos hace referencia. El respeto era absoluto cuando subías con el primer equipo y te trataban como uno más desde el principio. Recuerdo que Guardiola me venía a saludar, me llamaba por mi nombre y sabía qué había hecho en el último partido. Es un trato enorme y también por parte de los jugadores, que son los mejores del mundo. Era el primer año de Guardiola, cuando lo ganó todo, y la verdad es que guardo un gran recuerdo. También de Luis Enrique, aunque son caracteres distintos.

–¿Apuntaba ya maneras de seleccionador?

–A mí me gusta mucho porque siempre dice todo muy claro. Va de frente y si se tiene que echar la bronca, lo hace. Eso lo valoro mucho. Estuve muy a gusto con él, jugué mucho y firmé dos años, pero, cuando terminó esa etapa tenía ya 25 y, tras no ascender, me dije que otro año en Segunda B no podía estar. Me llamó el Cartagena, con un muy buen proyecto y me fui allí. Me salieron dos años buenos, jugando a un buen nivel y disfrutando mucho.

–Hábleme de Messi.

–Era una locura. En los partidillos de entrenamiento él y Piqué jugaban en equipos distintos y apostaban a ver quién ganaba. Y Messi marcaba todo el rato. Es otra dimensión. En los rondos te ponías en el centro y estabas muerto. Y eso que a mí se me daban bien pero ya le digo que era una locura. Y cuando se metía en ellos Guardiola, ni le cuento. Le daba mucha importancia a los rondos. Puede parecer algo más lúdico, pero para él era fundamental tener una concentración brutal y la importancia del pase y del control. Es que él entrena mucho el espacio reducido para pensar rápido.

–Haber pasado por aquello le supondrá todo un privilegio, supongo.

–Tuve la oportunidad de jugar con Busquets aunque solo tres partidos, porque Guardiola lo subió al primer equipo y ya no volvió. Pedro, Nolito… ahora lo pienso y me siento afortunado. Hablaba mucho con Barberá, el segundo de Luis Enrique, y me decía que llevaban años intentando ficharme, pero siempre que preguntaban el Zaragoza cerraba la puerta. A veces pienso qué habría pasado si hubiera ido antes a Barcelona.

–¿Y el vestuario del Zaragoza, cómo era?

–El año que estuve yo con el primer equipo no hubo problema. Lo recuerdo como un buen año y un muy buen ambiente. Recuerdo la jerarquía de Gaby Milito y que yo era feliz al lado de Aimar en el vestuario. Me daba botas y todo. Imagínese, yo alucinaba. Lo tenía a mi lado y además me daba botas. Y los entrenamientos con Víctor eran divertidos. Yo disfrutaba mucho. Cuando estás rodeado de buenos futbolistas es cuando uno más disfruta. Yo era mejor con 22 años que con 30 al haber estado rodeado de Aimar, D’Alessandro, Busquets, Pedro… ellos te hacen mejorar.

–¿Tenía trato con Agapito?

–Pues no mucho. Venía a algunos viajes pero poca cosa. Un tipo peculiar. Creo que tenía más trato con los pesos pesados del vestuario. Yo, el saludo y poco más.

–Ahora Dorado y Linares están en el primer equipo. Usted los conoce bien.

–Fuimos compañeros en el filial y con Linares también me he enfrentado en muchas ocasiones. Chechu es muy buena gente y un gran jugador. Creo que podría haber jugado muchos años aquí en el Zaragoza. Me alegro por ellos. No sé cuánta gasolina les queda, pero han cumplido un sueño y al Zaragoza le viene muy bien tener este tipo de jugadores.

–La temporada ha salido torcida.

–Son las vacas flacas y épocas que les toca pasar a muchos equipos, aunque no sé si tantos años como los que está sufriendo el Zaragoza. Pero es normal dadas las circunstancias en cuanto a presupuesto o plantilla. Y la Segunda es muy complicada. De este año ya nos olvidamos, pero lo bueno es que está subiendo gente demostrando que es muy válida para jugar en el Zaragoza.

–¿Usted aquí sería capitán general?

–Ni hablar. Aquí no hablamos de Messi o Iniesta. Cuando las cosas van mal en un equipo nadie marca diferencias. Y en el Zaragoza hay muy buenos jugadores y yo estaría en el mismo lío que ellos.

–¿Hay algún futbolista de la actualidad que le recuerde a usted?

–Veo pocos partidos. Antes disfrutaba muchísimo viendo a Iniesta. Por no hablar de Messi, que es otra cosa. Ahora hay buenos jugadores pero no llegan al nivel de la época dorada del fútbol español, con Xavi, Iniesta o Silva. Creo que España nunca ha tenido jugadores así. Modric me encanta. Y Hazard también. De Jong tiene una pinta tremenda, pero admito que me aburro viendo muchos partidos. Veo poco fútbol.

–¿Hacia dónde va?

–Siempre me ha gustado escribir. Lo hago mucho. Y leer y contar historias buenas. Cuando estaba en Barcelona hice un curso de guionista de cine y he escrito relatos. Ahora estoy con algo más largo: una novela. Siempre he admirado a la gente que cuenta historias y en mi casa ha habido muchos libros. Esa es mi vida. Y las mochilas. ¿Entrenar? Solo a niños. No a mayores.

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1 Comentario
01

Por Artimaño 11:19 - 06.05.2019

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