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LA CRÓNICA DE JORGE OTO

Ridículo espantoso

Un nefasto Zaragoza sucumbe en La Romareda ante un gran Mirandés que pudo golear ya en la primera parte

 

Suárez, en el suelo tras una acción del encuentro. - JAVIER BELVER

J. OTO
20/10/2019

Una victoria en siete partidos. Seis puntos sobre 21 posibles y una imagen cada vez peor. Si esto no es una crisis, se le parece mucho. No tanto por la situación clasificatoria, sino por la caída sufrida por un Zaragoza que se ha acostumbrado a perder y que ha dejado de ganar en La Romareda. Lo peor, sin duda, es la sensación que transmite de equipo superado, débil y vacío. El Mirandés, un equipo que no había ganado un solo partido fuera de casa, le pintó la cara en una primera parte colosal de los burgaleses e indigna de un Zaragoza que, al menos, tuvo vergüenza torera para no doblar la rodilla hasta el final. Pero sucumbió y echó a perder otra oportunidad para dar ese golpe de autoridad. Lejos de eso, el salto del equipo aragonés fue hacia atrás.


Lo de antes del descanso fue un espanto. Bochornoso. El Mirandés dio un baño en toda regla a un Zaragoza incapaz repleto de jugadores en un estado de forma lamentable y que paseaba por el campo ante un rival más intenso y aguerrido. El Mirandés jugaba al fútbol. El Zaragoza no sabía a qué jugaba y era un pelele a manos de un recién ascendido. Algo imperdonable y que parecía olvidado por La Romareda.


Hasta media docena de ocasiones clarísimas creó el cuadro burgalés en un primer periodo en el que Cristian salvó a su equipo de una goleada de escándalo para sonrojo del zaragocismo. El Mirandés marcó una, falló tres de forma clamorosa y se topó con el meta argentino en otras dos. La primera llegó pronto, a los tres minutos. Fue a balón parado, un martirio continuo para los aragoneses. Guridi perdonó a bocajarro rematando demasiado suave una dejada de cabeza de Odei, lo que otorgó capacidad de reacción a Cristian para evitar el tanto.


El susto no despertó a un Zaragoza a merced de su oponente. Antonio Sánchez era el dueño de la medular y Merquelanz y Marcos André suponían una amenaza constante en otra de las grandes fortalezas de los de Iraola: la contra. Todo eso lo sabía el Zaragoza, pero no hizo nada para evitarlo.
Antes de los diez minutos, el equipo aragonés había sufrido otras dos llegadas del Mirandés.Clemente evitó el remate franco de Guridi en la primera y Cristian el de Kijera en la segunda. Pero lo peor estaba por venir.


El desastroso Zaragoza solo asomó en un par de ocasiones por las inmediaciones de Limones. La primera, a los 12 minutos, cuando un inocente remate de Soro chocó en Kijera antes de encontrar el camino hacia la portería. La segunda no llegaría hasta cerca del descanso, cuando un disparo de Luis Suárez corrió la misma suerte.


A base de presión alta y dos líneas de cuatro bien juntas, los de Iraola destrozaban a un rival sin centro del campo en el que James y Kagawa volvieron a fracasar y cuyo lamentable estado de forma obliga a encender ya la alerta roja. El tanto visitante parecía solo cuestión de tiempo. Y llegó mediado el primer tiempo, cuando Marcos André mandó a la red un gran servicio de Merquelanz en la enésima contra de los burgaleses y el enésimo desbarajuste defensivo de los locales.


La banda derecha del Zaragoza era una bicoca para un Mirandés que se lanzó a la yugular de su oponente. Sergio rozó el segundo gol en una falta lateral que no llegó a rematar por muy poco, aunque la ocasión más clara volvió a ser para Marcos André, que remató mal un centro desde la derecha. Poco después, otro envío desde el mismo destino volvió a acabar en el delantero, que estrelló el balón en el larguero. El Zaragoza era un cadáver.


Víctor reaccionó al descanso y quitó a Delmás para aportar desborde y amenaza con Papu. La valiente apuesta del técnico, que puso a su equipo en un 4-2-3-1, con Guti de lateral, tenía sentido, pero abocaba a correr riesgos con las contras de un Mirandés que se relamía. En una de ellas, Peña hizo el segundo aprovechando otro caótico balance defensivo de un Zaragoza que estuvo cerca de recortar distancias a falta de media hora, pero Suárez estrelló el balón en el poste.


Era hora de morir matando y Víctor agotó cambios a falta de veinte minutos dando entrada a Linares y Ros por los desastrosos James y Kagawa. Y el Zaragoza se lanzó a la desesperada. Soro, de gran cabezazo, abrió de nuevo la puerta de la esperanza. Había tiempo. Más de un cuarto de hora. Y La Romareda se dejaba el alma, el corazón y las entrañas, pero el Mirandés no se inmutaba. Un par de amagos de lesiones y atenciones médicas cortaron el ritmo y el rollo a un Zaragoza que ya no llegaría con peligro hasta el descuento, pero el remate de Atienza salió desviado. Como un equipo tan ridículo y espantoso como el de antaño. 

R. Zaragoza: Cristian Álvarez; Delmás (Papunashvili, min.46), Atienza, Clemente, Nieto; Eguaras, James (Linares, min.70); Raúl Guti, Kagawa (Javi Ros, min.70), Soro; y Luis Suárez.

2 - C.D. Mirandés: Limones; Alexander González, Sergio González, Odei, Kijera; Alvaro Peña (Álvaro Rey, min.66), Malsa, Marcos André (Matheus Aias, min.94), Merquelanz (Franquesa, min.84); Antonio Sánchez y Guridi.

Goles: 0-1. min.22. Marcos André; 0-2. mi.60: Álvaro Peña; 1-2. min.74. Soro.

Árbitro: Trujillo Suárez (Comité Tinerfeño). Amonestó a los locales Luis Suárez y Linares, y al visitante Marcos André.

Incidencias: partido correspondiente a la duodécima jornada disputado en el estadio La Romareda ante 18.714 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento del exjugador portugués del Real Zaragoza Rui Jordao, que militó en el equipo aragonés en la temporada 1976-77.