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El Periódico de Aragón

Javier Lafuente

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Javier Lafuente

Nunca escribí en ‘Andalán’

Cuando estudiaba Periodismo en Barcelona, mis compañeros soñaban con colocarse en 'El País', 'Avui' o 'El Mundo Deportivo'. Otros hacían planes para empezar de becarios con Luis del Olmo, emular el cine de Iván Zulueta y Víctor Erice o investigar por libre para 'Interviú'.

Mi única ambición en esas fechas, comienzos de los años 80, era formar parte de ese admirable grupo de periodistas, profesores, historiadores y economistas de 'Andalán'. Representaba mi periodismo ideal: aragonés, comprometido, insolente, entusiasta, crítico e intelectual. Aunque en eso de ser intelectual, toda mi vida me he sentido como el personaje de Luis Perezagua en 'Amanece, que no es poco' (1988): aspiraba a ser intelectual porque no tenía nada que perder. Leía las firmas de José Antonio Labordeta, Eloy Fernández Clemente, Emilio Gastón, Antonio Peiró, Manuel Rotellar, Javier Delgado, Lola Campos o Carlos Forcadell y me veía con ellos en esa redacción. Deseaba escuchar, embobado, asuntos de Aragón, de política, de cultura, del no al trasvase, de las cajas de ahorros, de caciques y de militares golpistas. Ansiaba aprender y escribir al lado de esos maestros.

Pero nunca llegué a escribí ni una sola línea en 'Andalán' y, por supuesto, jamás me convertí en intelectual. A pesar de semejante frustración, incluso hoy la palabra 'Andalán' me produce una grata sensación de nostalgia y orgullo. Me inspira el mismo efecto mágico que la palabra 'Shane' le provoca al niño de 'Raíces profundas' (1953). Que los fundadores del periódico que me cautivó de joven reciban ahora el premio Aragón 2022 me reconforta mucho. Es como si mi vocación periodística se viera recompensada y mis sueños de estudiante hubieran alcanzado mayor sentido.

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