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El Periódico de Aragón

Daniel Gascón

Delante de tus narices

Daniel Gascón

Conget, la literatura y la vida amarga

Hace algo más de veinte años Juan Bonilla habló de la secta de los congetianos: los lectores que seguían la obra de José María Conget (Zaragoza, 1948). En este tiempo la obra de Conget se ha hecho algo más conocida, y ha tenido reconocimiento institucional, como el premio Aragón de las Letras, concedido en 2007. Ha seguido publicando libros, desde sus ensayos sobre sus aficiones (la literatura, los tebeos, el cine) a libros de relatos. También se reeditó en la colección Larumbe de Prensas Universitarias de Zaragoza su admirable trilogía inicial, compuesta por Comentarios (marginales) a la guerra de las Galias' quadrupedumque y Gaudeamus, que entre otras cosas inventa una Zaragoza un tanto deprimente pero muy personal y literariamente fértil, así como una estética que puede leerse como una combinación del humor de un Woody Allen pasado y convenientemente traumatizado por los jesuitas y la experimentación de autores como Faulkner, Nabokov y el primer Vargas Llosa. Ha escrito ensayos divertidos y apasionantes, cuentos y novelas muy poderosas, y hermosas narraciones autobiográficas.

Examen generacional

Conget ha publicado hace poco en Pre-Textos Cenas de amigos, que recuerda a películas que retratan y satirizan a la sociedad literaria, como algunas de Agnès Jaoui o Noah Baumbach. Aquí aparecen un grupo de colegas, donde hay un poeta respetado, un novelista que tiene un momento de éxito, sus parejas (que no se dedican a la literatura), un gestor cultural que se siente un tanto despreciado por amigos de más éxito, un crítico literario que mantiene en secreto su verdadera pasión: los tebeos. Y, en paralelo a ese retrato de grupo que tiene algo de examen generacional, cuenta también la historia de los hijos de esos amigos, que son contemporáneos y a veces parte del 15-M. Es un libro amargo e inteligente sobre la amistad y la traición, sobre el adulterio y el matrimonio, sobre la frustración y el paso del tiempo, sobre la incomunicación de las parejas y el rencor entre los amigos, sobre las ilusiones del éxito y los espejismos del fracaso. Aunque hay momentos de cierta redención (por la pasión o por la placidez, por un momento de complicidad, por una película o una referencia que ofrece una pequeña escapada), la visión de las relaciones humanas y sobre todo de la vida literaria es bastante desoladora. Va unida al humor demoledor e inesperado de otros libros de su autor, a un dominio de las estructuras narrativas que tiene algo vintage en esta época, a una escritura rica y precisa, con una extraordinaria capacidad evocativa, un talento peculiar para la observación y una de las prosas más personales y disfrutables que conozco. «La literatura española no ofrece muchas aventuras tan prometedoras», escribía Bonilla, y siempre es una alegría ver que la peripecia continúa.

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