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El Periódico de Aragón

Roberto Malo

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Roberto Malo

El pregonero

El pregonero se encuentra algo nervioso. Es la primera vez que va a ejercer como tal, es un pregonero novato, por así decirlo. Sin embargo, le hace especial ilusión serlo en su barrio, donde vive y sueña, y que sus palabras vayan a dar el pistoletazo de salida a unas fiestas maravillosas, unas fiestas que vuelven tras dos años de parón. Recuerda que a principios de marzo de 2020 se le invitó a ser el pregonero de las fiestas de Casablanca, qué ilusión le hizo, madre mía, pero poco después llegó una pandemia mundial, también es casualidad, y nada, les arruinaron las fiestas (y su pregón). Y en 2021 tampoco hubo fiestas de Casablanca, que la pandemia seguía dando mal. Así que este año, que la cosa parece que va mejor, se le ha vuelto a invitar, y sí, llega por fin su momento de gloria. Le hace mucha ilusión que hayan contado con él para semejante cometido, pero lo cierto es que el barrio de Casablanca ha contado con él muchas veces. En fiestas, para realizar cuentacuentos en el quiosco del parque, o en el centro cívico, donde ensaya los nuevos espectáculos, y donde los suele estrenar, que jugar en casa siempre ayuda. Así que no se puede quejar, es un barrio con mucha vida cultural. Y con mucha vida en general. Desde donde se encuentra ve la autoescuela donde se sacó el carnet de conducir. Por cierto, el teórico lo aprobó a la primera, y el práctico a la primera también. Y eso que era torpecico conduciendo, las cosas como son. Ve asimismo la peluquería donde se corta el pelo. Y ve bares, tiendas, comercios, por los que pasa a diario. Le encanta pasear por el Canal, con ese precioso busto a Mauricio Aznar. Y le encantan las fiestas de Casablanca, con sus ferias, cabezudos, juegos, hogueras, charangas. Y piensa disfrutar las fiestas, que la vida son cuatro días (como las fiestas de Casablanca, vamos: cuatro días).

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