Opinión

Ya llegan, ya están aquí, ya huele a albahaca…

Y en nada, tras atravesar calurosos días de este tórrido verano llegaremos a esas fechas donde todo parece fluir con otro ritmo al que nos gusta entregarnos, donde algo dice que es verdad y es algo demasiado fuerte para luchar contra ello, ya que las ansias nos pueden y las ganas también, porque tontería es resistirse sabiendo que lo que más se desea es entregarse a disfrutar de esos pequeños momentos de sentimiento que se nos quedaran muy adentro junto a otros ya vividos, momentos repletos de unas ganas donde la ilusión de las gentes por el sentido cercano de unas fiestas esperadas durante todo un año, concederán una vez mas esa recompensa de vivir lo que sabemos está ya ahí una vez más, las fiestas del patrón de Huesca, San Lorenzo.

Y así, los colores blanco y verde se apoderaran una deseada vez más acompañados por el olor de la albahaca, dando paso a emociones donde la magia, la celebración, la ciudad engalanada y la fiesta se descubren irrefrenables en cada rincón de la ciudad, parece como si comenzara a escucharse en el ambiente esa jota que dice aquello de «…viva Huesca que es mi pueblo y San Lorenzo mi patrón, y las mozas que van a por agua a la Fuente del Ibón…» Aquella emblemática Fuente del Ibón, que desde el siglo XVI ofrecía sus aguas a la ciudad y junto a la cual se celebraban aquellas verbenas de entonces, hasta que una remodelación urbanística se la llevo por delante en la década de 1950, pero al menos siempre quedarán esas palabras cantadas en su recuerdo año tras año, quizás como una toma de tierra que reconcilia el imaginario de la ciudad con sus antepasados, sus orígenes y con sus tradiciones que nunca serán olvidadas.

Y cuando ya no escuchemos la jota quizás sea porque ahora nuestros sentidos estarán prendados en esa mañana del 10 de agosto, día grande de las fiestas, asistiendo en la abarrotada plaza junto a la Basílica de San Lorenzo, a la primera actuación inmersa en esa ancestral tradición donde los danzantes, con su agilidad, prestancia y gallardía se ilusionan por deleitarnos con los dances del paloteao, de las cintas, de las espadas o del degollau.

Largo es y largo sería nombrar todos los actos porque dejarnos alguno fácil seria después de deleitarnos en buena compañía con el almuerzo de cada día, pero seguro que no nos olvidaremos de mirar en la noche al cielo estrellado, ya que volveremos a seguir dando vida a unas de las noches más mágicas, carismáticas y hasta románticas del año, porque si, claro que si, buscaremos entre la oscuridad y el firmamento esas «Lagrimas de San Lorenzo», en recuerdo de nuestro querido santo que nacido en Huesca en el siglo III, fue mártir por su fe en Roma en el año 257, que ya sabemos que en realidad son estrellas fugaces que vemos principalmente entre el 10 y el 12 de agosto, porque pasan muy cerca de la Tierra y realmente reciben el nombre de las perseidas, esos incansables meteoritos compuestos de polvo y hielo que dicen proceden de la constelación de Perseo. Pero por supuesto, más allá de la explicación lógica siempre nos quedaran esas noches donde al mirar al cielo, veremos estrellas cayendo en la noche de los deseos, noche donde si pides un deseo es porque ves cruzar el firmamento a una estrella, y si la ves será que estás mirando el cielo porque en tu alma todavía crees en la ilusión y la magia… y sonríes por ello.

Ganas, ilusión, alegría, esperanza, albahaca, Danzantes, Mairalesas, las Peñas, almuerzo, risas, música, paseos, y por supuesto su gente, tanto la de la ciudad como la invitada o de donde quiera venir a disfrutar de esa sensación de que las calles de Huesca se ha hecho para ser vividas con alegría…