Opinión

El ‘crack’ de la vivienda rural

La escasez de pisos en los municipios ha hecho saltar las alarmas en muchos ayuntamientos, lo que obliga a las administraciones a abordar el problema desde una perspectiva integral. No hacerlo será llevar a muchas zonas a su condena demográfica y vital

Vista general del casco urbano de Aínsa.  | ÁNGEL DE CASTRO

Vista general del casco urbano de Aínsa. | ÁNGEL DE CASTRO / A. LAHOZ

"Si tuviéramos la posibilidad de que cayera del cielo una promoción con más de cien viviendas en nuestro municipio se llenarían todas al instante». El comentario no alude a una gran ciudad ni a alguna de las zonas de expansión que rodean las capitales, sino que lo protagoniza uno de los cientos de alcaldes de la provincia de Zaragoza, que mostraba una convicción a prueba de bombas. Su imaginaria tesis era escuchada atentamente por otros ediles en uno de los corrillos que se formó durante la celebración de un foro de ayuntamientos, organizado hace unos días por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN en el Palacio de Sástago. Mientras él exponía sus argumentos, sus homólogos asentían con la cabeza. Hasta que dejó de hablar. Su silencio dio paso a una tormenta de ideas en torno a uno de los grandes problemas que afectan al medio rural: la falta de vivienda. 

Son muchas las trabas a las que los alcaldes han de mirar cara a cara en su quehacer cotidiano al frente de un ayuntamiento, pero la despoblación, la falta de carreteras, las conexiones ferroviarias, la escasez de recursos económicos y el declive de la actividad económica en algunas comarcas se ven incluso eclipsadas por la ausencia de una oferta de vivienda suficiente y asequible, un asunto que se ha situado en el centro del debate y que, si no se pone remedio, puede llevar a las zonas rurales a su condena demográfica y vital.

La realidad es muy diversa en un territorio tan vasto como el aragonés, pero las alarmas no dejan de sonar últimamente al calor del crecimiento económico, que, en algunos casos, se ha trasladado a núcleos que confían en aumentar su población por la implantación de nuevas empresas o el impulso del sector turístico. Sin embargo, las expectativas se ven truncadas, en muchas ocasiones, por la falta trabajadores para completar las plantillas y la inexistencia de viviendas para que esos potenciales ocupados puedan cubrir una oferta de empleo. Y las consecuencias son fatales: empresas que descartan realizar una inversión, ayuntamientos que ven cómo se esfuman sus oportunidades de desarrollo y creación de empleo, potenciales nuevos pobladores que tiran la toalla, familias que ven cómo el futuro da la espalda a sus hijos… La falta de vivienda es, en definitiva, un muro infranqueable que obliga a las administraciones a coordinarse y abordar una tarea hercúlea que exige un abordaje integral.

Los municipios ven truncadas sus expectativas de desarrollo por la falta trabajadores para completar las plantillas y la escasez de vivienda para que esos potenciales ocupados puedan cubrir una oferta de empleo

La llegada de la nieve y el comienzo de la temporada de esquí es solo un ejemplo. La oferta de vivienda es limitada en los municipios que están al pie de las estaciones aragonesas, donde hacer frente a un alquiler mensual puede costar entre 700 y 800 euros, un precio que no compensa a aquellos que se plantean trabajar en el sector turístico y hostelero durante los meses de invierno. Jaca, Biescas, Benasque y Villanúa son solo algunos de los núcleos que ha visto disparar el coste de un arrendamiento. Y la oferta para comprar brilla por su ausencia o es inalcanzable. En la comarca de La Jacetania, el 70% de los pisos son de segunda residencia, lo que eleva la especulación y la tendencia al alza de los precios. En municipios como Ansó, sólo el 33% de las viviendas están ocupadas todo el año mientras que el resto son de segunda residencia o están deshabitadas. 

Pero el mosaico de realidades es muy diverso en Aragón. Hay municipios como Daroca, Épila, Cariñena, Figueruelas, La Almunia y El Burgo de Ebro donde escasea la vivienda y ven cómo quienes acuden a trabajar a las empresas instaladas allí van y vienen a Zaragoza. También hay ayuntamientos en la comunidad que están ofreciendo pisos para evitar quedarse sin médicos y pueblos que lo hacen para atraer pobladores y evitar así el cierre de sus escuelas. Este escenario choca con la realidad de las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), que arrojan que de las 778.000 viviendas que hay en Aragón, unas 100.000 podrían estar deshabitadas.

El consejero del Fomento, Vivienda, Movilidad y Logística del Gobierno de Aragón, Octavio López, ha anunciado en las Cortes de Aragón una nueva ley de vivienda para la comunidad. El reto es mayúsculo pero inaplazable y exige el concurso de todos. Hay demasiado en juego, así que nadie espere que lluevan viviendas del cielo.

rbarcelo@aragon.elperiodico.com