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La opinión de Sergio Pérez

Víctor Fernández, Víctor Muñoz y las mariposas de Camerún

Víctor Muñoz y Víctor Fernández, sonrientes antes del comienzo de la charla-coloquio. ANDREEA VORNICU

En un acto conmemorativo del centenario de la Real Federación Aragonesa de Fútbol organizado por este diario en la sede de Ibercaja el jueves, Víctor Fernández y Víctor Muñoz, figuras incontestablemente legendarias, reflexionaron sobre el nuevo Real Zaragoza, la propiedad recién llegada, el caso del estadio y la calidad de la actual plantilla. Cada uno con sus motivos y sus circunstancias, que todo hay que ponderarlo, pero con un profundo conocimiento de causa, compartieron augurio: “Aparentemente no es el año en el que vamos a ascender”. Las razones que expusieron para alcanzar esa conclusión fueron variadas. Principalmente, la falta de jerarquía, de gol y de vuelo para tan altos vuelos.

Fernández y Muñoz son dos expertos en la materia, con un currículum y unas conquistas sobresalientes, lo que sirve para constatar de manera irrefutable que conocen perfectamente cuál es el camino que lleva hacia el éxito y cuáles son los medios necesarios para llegar hasta la cumbre. No son unos opinadores cualquiera. En los términos que Juan Manuel Lillo usó brillantemente en su día, más bien maestros en el proceso de crecimiento de las mariposas en Camerún.

Ni el uno ni el otro ven al Real Zaragoza ascendiendo a Primera División esta temporada. El equipo no ha comenzado bien la Liga, con ocho puntos de 21 posibles y, entre otros, los males que los dos Víctor relataron fueron los siguientes: problemas con el gol, poca jerarquía y una gran irregularidad, con picos de buen rendimiento y bajones profundos. Sin embargo, la Segunda División es una caja de sorpresas, donde a veces sucede lo que parece que no va a suceder. Sobre el papel, la plantilla del Real Zaragoza no está entre las indudablemente mejores, pero sí tiene argumentos explotables.

Al entrenador, a los jugadores, a todos les queda la capacidad de insurrección, de contestación, de superación de sí mismos, de mejora durante el año, siempre eterno en esta categoría, y de alcanzar un punto de maduración como colectivo que permita soñar con las cotas que Muñoz y Fernández ven inalcanzables, con esas mariposas que nacen en el estómago cuando el Real Zaragoza toma altura en el cielo de la Liga.

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