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La 8ª jornada de Segunda

La gestión sin soluciones

Carcedo no supo aprovechar la superioridad y el caos del choque y sus cambios no mejoraron a un Zaragoza sin gol ni llegada. El técnico volvió a mostrar una preocupante falta de manejo

Lluís López, con gesto de desesperación en un momento del partido. JAIME GALINDO

Vaya por delante que el partido lo marcaron Trujillo Suárez y el VAR de Ocón Arraiz, con la primera expulsión de Venancio y con el inverosímil gol anulado a Bermejo, además de las mil y unas tarjetas e interrupciones que llegaron desde el Eibar y su deseo de convertir cualquier contacto en roja. Pero lo acontecido señala mucho a Carcedo, a su gestión y búsqueda de soluciones. Ya se le habían visto pocas en anteriores partidos, pero esta vez la carencia fue palmaria, ante un rival con 10 más de una hora y con 9 durante más de 20 minutos en el tramo final. Mientras Garitano supo encontrar caminos, darle al encuentro lo que su Eibar necesitaba, el entrenador zaragocista no fue capaz de mejorar nada al equipo, con decisiones inexplicables y sin aprovechar la superioridad.

El Zaragoza, que por algo es el segundo equipo menos goleador de la categoría tras el Racing y con solo 4 dianas, apenas generó peligro en la segunda parte, donde la primera medida de Carcedo fue cambiar el lateral. Garitano relevó a Stoichkov, enfadado, y a Corpas nada más quedarse con 10 para apostar por una defensa de tres centrales y darle el balón al Zaragoza, que ya se sabe que, con su falta de talento y de dinamismo, sufre con él. La respuesta del técnico zaragocista tardó en llegar hasta después del descanso, buscando en teoría más profundidad con Larra en lugar de Gámez.

Plan equivocado

El Zaragoza, ante esa zaga, debería haber explorado las espaldas de los carrileros, tratar de llegar a línea de fondo y provocar el dos contra uno y la superioridad. Se obstinó, sin embargo, en ser plano y previsible por el centro, sin cambiar el guion, manteniendo a Giuliano Simeone en la banda y a Vada y su intrascendencia absoluta de enganche.

Así, la única acción de peligro en media hora de incapacidad total tras el descanso, de juego sin dinamismo y sin velocidad, tan necesaria en el fútbol, fue la jugada de Bermejo, con su buen gol y su dedo en el ojo de Arbilla, una acción aislada y anulada injustamente, pero no hubo nada más.

El Eibar jugó más de una hora con 10 y los últimos 20 minutos con 9 y el Zaragoza apenas creó peligro

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En descargo de Carcedo hay que decir que el talento no sobra en el Zaragoza, que no hay un extremo puro en la izquierda y al único en la derecha (Larra) lo pone de lateral. Ubicó a Mollejo, en lugar de Bermejo, de los pocos que tienen último pase, aunque no estuviera acertado, en la banda derecha, donde no va a llegar nunca a línea de fondo, y a Gueye, por Azón, de referencia. Aún tuvo que esperar a quedarse con nueve el rival, con la roja que Trujillo Suárez le mostró a Javi Muñoz por una dura entrada a Fuentes, para jugar con dos puntas, con Giuliano y Gueye. El Zaragoza, sin movilidad, sin último pase, y con centros lejanos no inquietaba a Yoel.

Al Zaragoza le faltan talento y algún extremo puro, pero sin llegar a línea de fondo, sin velocidad y con inexplicables cambios desde el banquillo, el equipo fue un atasco tremendo

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El único que lo hizo, y solo en una ocasión, fue Fuentes, que llegó a línea de fondo y centró para el mal remate de Vada de cabeza. Puche, para que Mollejo jugara en la izquierda, lo que tiene más sentido si se busca profundidad en esa banda, y un desacertado Manu Molina fueron la última apuesta de Carcedo por Vada, que ya hacía muchos minutos que no estaba en el partido, y Francho.  El resto de centros buscando a Gueye y a Jair, delantero ocasional, llegaron desde muy lejos, de fácil defensa para los centrales y cuando Rober Correa hizo un regalo no lo aprovechó Giuliano. 

El Zaragoza tiene poco en ataque y le falta algún especialista en banda pero su entrenador tampoco aumenta sus registros. Al revés. No poder superar y casi no crear peligro a un rival con 9 es más que una evidencia de eso.

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