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La opinión de Sergio Pérez

El modelo relámpago de Escribá, lo que el Zaragoza tiene y lo que no tiene

Lluís López se abraza con Jair tras el 0-1 en presencia de Grau, Fuentes, Zapater, Bermejo y Giuliano. CARLOS GIL-ROIG

En su tercera comparecencia, Fran Escribá reafirmó sus convicciones con un modelo de juego y unos nombres perfectamente definidos. En ausencia de Cristian Álvarez, su portero es Álvaro Ratón a pesar de sus errores en la Copa y contra el Málaga, reconocidos públicamente por el propio técnico. En Burgos tampoco paró nada. Atrás forma con una línea de cuatro, con Gámez, Lluís López, Jair y Fuentes y Francés como gran damnificado, víctima de su mal inicio de temporada. Carcedo ya había sentado al canterano en varias ocasiones.

Jaume Grau conserva su condición de titular y Zapater le ha ganado el terreno al resto en el medio, con Manu Molina de viaje hacia el ostracismo. Escribá escoró a Bermejo a la izquierda y relevó a Vada por Larrazabal, su único cambio, para abrir el campo por la derecha y ganar profundidad. Arriba volvió a jugar con dos delanteros: Giuliano y Mollejo, confirmando la condición de suplente con todas las letras de Gueye, que ni apareció. Cientos de miles de euros al limbo.

Con un equipo bien estructurado y asentado sobre el césped, sin conceder apenas nada al Burgos en la primera parte, el constante incordio, la presión insistente de los dos puntas en la zona de tres cuartos y la habilidad para ganar balones divididos le dio buenos frutos al Real Zaragoza. En un yo me lo guiso, yo me lo como, Simeone le ganó la partida al central y se plantó delante de Caro en el minuto 5. En el mano a mano, su disparo, defectuoso técnicamente, se fue por encima del larguero. Apretar, robar cerca del área y sorprender. Con ese plan de trabajo traído desde la caseta, el equipo perseveró. Entre Mollejo y Giuliano le birlaron el balón a Atienza en el balcón del área en el 36, el madrileño terminó mirando a Caro a los ojos tras un pase al espacio de su compañero, pero su golpeo no fue bueno. La falta de eficacia volvía a hacer acto de presencia. Su daño se comprobó a posteriori.

Escribá insistió en su idea en la segunda parte. En una acción en una esquina del campo, la pelea y el incansable sacrificio de Simeone tuvo premio gordo y le puso de nuevo en valor. Su hostigamiento al lateral le sirvió para robarle la cartera y provocar una falta que botó Bermejo y Jair convirtió en el 0-1 con un buen cabezazo. Del balón parado, otra de las señas de identidad de Escribá, nació el sueño de la victoria, frustrado enseguida por Gaspar en una jugada por la izquierda con una pésima basculación defensiva y un envío lateral que los centrales, descolocados, no desactivaron.

Ratón encajó su tercer gol, esta vez sin culpabilidad achacable. En un magnífico contragolpe, sacado con enorme velocidad, el equipo cobró la ventaja que parecía definitiva gracias al tanto en propia meta de Atienza, menudo día el suyo, tras un pase milimétrico de Gámez después de pisar casi la línea de fondo en una carrera desde su área. Pero no. Curro Sánchez hizo el 2-2 dos minutos después con un detalle técnico precioso y Ratón y toda la defensa en la foto del póster. Como si ganar fuera imposible y el tuerto siguiera mirando.

Escribá ha encontrado el camino para que el Real Zaragoza produzca ocasiones, transite en la dirección correcta y hacia las victorias, que así llegarán. Lo hizo contra el Málaga en superioridad y en Burgos en igualdad. Del trabajo táctico y de las virtudes de los delanteros del Real Zaragoza, la generosidad en el esfuerzo de Giuliano y Mollejo, su energía y su disposición para el robo en zonas altamente rentables, germinó el punto de El Plantío. De sus defectos, las dificultades para definir y hacer gol, se escaparon los otros dos. De sus defectos, los de los centrales y los de un portero vendido pero invisible.

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