Los que se aburran y no sepan cómo rellenar sus tiempos muertos pueden preguntarle a Jorge Carrasco Machado, un zaragozano que comenzó hace menos de un año a ensamblar y construir droides inspirados en los personajes de Star Wars y la ciencia ficción en general. Los hace enteramente con materiales reciclados y su objetivo, además de entretenerse, es enseñar a los jóvenes que se pueden recuperar materiales de una forma original y divertida sin recurrir a las ya manidas macetas fabricadas con botellas de refrescos. «Todos lo hemos hecho y eso es un coñazo», ríe.

Sus buenas intenciones, además, esconden unos condicionantes que cuenta sin tapujos: «Yo siempre he tenido mucho compromiso con el medio ambiente, pero hace dos años tuve que dejar de trabajar porque tuve un infarto grave y ahora tengo una cardiopatía degenerativa. Cada día que pasa estoy peor y no sé cuánto tiempo me queda hasta que tenga que tomar medidas más extremas, pero por otra parte tengo más tiempo para mí y mis cosas».

Así, sin tener que trabajar (Carrasco era funcionario de Defensa) y con un confinamiento de por medio, este hombre de 45 años comenzó a ayudar a su hijo con las manualidades del colegio. Fue entonces cuando se le ocurrió comenzar a recuperar materiales desechados utilizando también su imaginación y su afición por la ciencia ficción. El resultado son 15 droides y robots hechos con objetos cotidianos de plástico que, cuando agrupa, le ocupan medio salón. «Normalmente no los tengo aquí. Tengo un cuarto que no uso y en el que puedo ir montándolos», dice.

Los 'cacharrobots' de Jorge Carrasco Machado Jaime Galindo

En su colección hay un Bender (el robot de la serie Futurama) hecho con papeleras, varios droides del modelo R de Star Wars (parecidos al famoso R2-D2) y otros tantos aparatos. «Mira esto es un cubo de basura –dice apuntando al cuerpo de una de sus creaciones–. Y la cabeza es una palangana», desvela. Además, para aumentar el realismo de sus obras, les pone luces (que sacó de un viejo árbol de Navidad) y hasta se mueven (aprovechando el chasis de un coche teledirigido que ya nadie usaba). «Todo es reciclado. No compro nada. Ni la pintura. Uso lo que tengo y lo que me dan. Mi herramienta es un destornillador y tampoco modifico las piezas. Por eso no son copias exactas», cuenta.

Para dar a conocer su trabajo, Carrasco creó hace algunos meses una cuenta en Instagram a la que llamó @lacuevadedavinci. «La cueva es porque al final, por mi enfermedad, tengo que pasar mucho rato aquí en casa, en mi cueva y conmigo mismo y Da Vinci por la imaginación», explica.

Con su perfil en esta red social, en la que tiene más de 1.500 seguidores y 182 fotos publicadas –la primera de ellas el 4 de mayo– Carrasco sigue una tendencia que está de moda en el mundo anglosajón, la de los junkbots (robots de la basura en inglés) aunque él, afirma, no pretende lucrarse con su afición. «Me han preguntado alguna vez si los quiero vender y siempre digo que no. Solo quiero demostrar que reciclar y reutilizar puede ser divertido», insiste.

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«Sé que no son perfectos, hago lo que puedo con los materiales que consigo. Pero es que hacer una reproducción de un R2 con piezas hechas a propósito te puede costar 15.000 euros. Este (señala a una de sus creaciones), por los materiales que tiene, no valdrá más de 20 euros. Mira, esa pieza es un pastillero que ya no se usaba», apunta.

Carrasco utiliza objetos como palanganas y cubos de basura para construir sus droides. Jaime Galindo.