Quien va al bar Moneva se siente como en casa. Situado en el número 36 de la calle Tomás Bretón, este establecimiento reúne tanto a parroquianos del distrito Universidad como amantes de la comida tradicional. Sus raciones de caracoles y los callos que hace Gloria no necesitan campaña de publicidad porque desde hace 50 años este establecimiento hostelero está marcado en el mapa de Zaragoza. Pero hay más, este bar de tapas que abrió por primera vez sus puertas el 2 de enero de 1973 de la mano de Alfredo también sirve calamares, torreznos, madejas y un bocatto di cardinale que el que prueba repite: los huevos rellenos de bechamel y jamón.

Este miércoles celebra su gran fiesta de aniversario a las 20.00 horas, pues el fundador de esta taberna familiar también cumple años. Alfredo y Gloria pusieron en marcha este negocio en un momento que la cercana calle Lorente estaba llena de solares y en el edificio contiguo el Real Zaragoza tenía su residencia. Una relación con el fútbol ligada desde sus inicios pues, además de tapear, es un bar en el que este deporte está muy presente en sus paredes con camisetas y bufandas de equipos españoles como en los asientos que se llenan de aficionados. Allí se pueden ver todos los partidos, incluso en verano en su terraza en la calle.

Ahora al frente de este negocio está el hijo de Alfredo, del mismo nombre y que siempre bromea con "aquí está bueno hasta el camarero", y en los fogones Juli, la nuera que ha heredado el libro de recetas y que ha añadido especialidades como la ensaladilla rusa que, tal y como afirman varios clientes nacidos en Madrid pero residentes en Zaragoza, tiene el sello "de la capital de España". Por algo será cuando lo dicen.

Pero no solo se sienten como en casa madrileños y zaragozanos, algún que otro andaluz también con esos 'vasos con acento' de los grifos glaciares de Cruzcampo. Pero no se preocupen que como bar de toda la vida los cerveceros independientes de Ámbar también están y los gallegos de la estrella. Y es que en la diversidad está el gusto. Lo mismo los vinos, que hay aragoneses y riojanos.

Quien acuda a este bar de aniversario, que en Navidad parece una auténtica administración de loterías con números de todo tipo, que pare un segundo entre mejillón y mejillón o entre bacalao y bacalao en ver la colección de botellas antiguas de diferentes espirituosos.

50 años de éxito gracias a sus clientes, a su buen atender y a la 'bendicion' de San Pancracio, la Macarena y la Virgen del Dulce Nombre de Zaragoza, presentes en un bar que tiene hasta jota propia que escribió un cliente.