MOVILIDAD URBANA

Mujer y taxista: "Entiendo el miedo de otras"

En Zaragoza, hay 56 mujeres conductoras, que representan el 2% de la plantilla

«Me han llegado a ofrecer pagarme de otras ‘formas mejores’», dice una de las trabajadoras

Soledad Manteca, taxista zaragozana de 53 años, con su vehículo en el centro de la ciudad.

Soledad Manteca, taxista zaragozana de 53 años, con su vehículo en el centro de la ciudad. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Judit Macarro

Judit Macarro

En Zaragoza hay 56 mujeres taxistas que representan un 2% de la plantilla. Solo una de ellas tiene un cargo representativo en la Asociación de Taxistas, otra en la cooperativa y en la emisora 75 y una más en la emisora 42. Soledad Manteca tiene 53 años y lleva 15 años trabajando como taxista, ocho de ellos en Zaragoza. A lo largo de su carrera, asegura que ha tenido que hacer frente a comentarios misóginos de todo tipo. «Lo que más me cuesta asimilar es que estando ya en 2024 la gente se sigue sorprendiendo de ver a una mujer conduciendo un taxi», afirma. Por su parte, Leticia Gil, zaragozana de 39 años, lleva en el sector un año y, desde entonces, asegura que no ha tenido ninguna mala experiencia. «Si que es verdad que, por ejemplo, evito circular por según que zonas de noche y cuando paso por calles como Conde Aranda echo el pestillo para sentirme más segura», expresa.

Soledad, por el contrario, sí que ha vivido alguna que otra experiencia agridulce. Asegura que ha tenido que enfrentarse a comentarios como «te podría pagar el viaje de otra manera mejor», rememora. Trabajar por las noches no le da miedo, pero entiende que otras mujeres «sí lo tengan», señala. Comprende que, «dada la situación actual de violencia a la que nos enfrentamos las conductoras», este trabajo no sea tan deseado entre las mujeres. 

Lo mismo declara Leticia, quien sin haber vivido nada parecido se puede hacer una idea de «lo que viven algunas compañeras en otras ciudades más grandes, y las apoyo totalmente», explica. 

Ambas afirman que en Zaragoza «rara vez pasa algo. Es una ciudad muy segura y si pasa, puede ser a cualquier hora», incide Gil. Por ello, ninguna de las dos tiene miedo de salir en horario nocturno. «Hago muy tranquila mis turnos hasta las 4.00 horas» asegura Lucía, que añade que «de hecho, es algo que las chicas jóvenes agradecen, que por la noche seamos mujeres al volante», puntualiza.

Durante sus turnos, Soledad se siente más segura en el interior de su taxi gracias a la cámara de seguridad que graba todo lo que pasa dentro del vehículo. «Puedes elegir llevarla puesta o no», apunta. 

Una elección que su compañera, por ejemplo, no elige. «Entiendo que otras compañeras y compañeros lleven la cámara puesta, pero creo que como a mi nunca me ha pasado nada, tampoco necesito buscar esa seguridad», explica Lucía.

Junto a la grabación, otra de las cosas de las que Soledad agradece disponer es de «la emisora de radio con la que, si pasa algo, puedo avisar para que me vengan a ayudar», menciona. Algo en lo que sí que coincide Leticia. «Es verdad que alguna vez que se ha subido al taxi un cliente pasado de copas pongo el dedo sobre el botón por instinto, por si acaso», señala.

Ella no lo ha tenido que apretar por ahora, pero Soledad sí que hizo uso de la emisora como emergencia en una ocasión. «Un cliente no me quería pagar por el servicio y tuve que avisar», cuenta. 

En ese incidente descubrió que «entre los compañeros nos apoyamos y defendemos los unos a los otros», otro motivo por el que en Zaragoza «me siento segura».

«Es un trabajo muy satisfactorio», continua Soledad. Explica que, por ejemplo, «ser la primera y la última persona a la que ven los turistas que vienen a Zaragoza es algo muy bonito». 

Trabajar recorriendo la ciudad y llevando a las personas «los lugares que necesitan» es un proceso que, según Soledad, te hace vivir «un montón de experiencias bonitas». 

Encantada con su trabajo

Lucía lleva poco tiempo, pero «me encanta lo que hago», asegura. Tan grande es su pasión que «mi marido se metió justo después de que yo empezara a rodar por las calles. Ahora los dos somos taxistas», explica entre risas.

Las dos asumen que, «al ser tantas horas de trabajo, muchas madres no pueden vivir de esto», afirma Soledad. Aunque asegura que para ella no supone ningún problema porque «intento organizarme con el horario, ya que es flexible, dentro de lo que cabe», explica. 

Por ejemplo, señala que si su hija se pone mala, «me las apaño para acompañarla y compaginarlo con el horario». Aunque insiste en que entiende que muchas mujeres no quieran este trabajo, «sobre todo con el pago de la licencia que supone de primeras, que a muchas les echa para atrás».

Y lo mismo opina Lucía, quien junto a su pareja dice organizarse «perfectamente para trabajar y disfrutar de nuestras hijas»