La Fundación La Caridad de Zaragoza es única en su especie porque en un mismo entorno dispone de servicios de atención para mayores (el centro de día Los Sitios), para niños (el colegio Cantín y Gamboa y el centro de educación infantil Cantinela) y para personas desfavorecidas (centro de día El Encuentro). Ello les permite poner en contacto a generaciones diferentes y a personas con vidas y orígenes muy distintos. Y eso es lo que llevan haciendo hace ahora cinco años, aunque la pandemia ha dificultado las cosas.

Se trata de un programa de ayuda intergeneracional mediante el cual niños y ancianos se juntan e intercambian sus percepciones sobre la vida y sus conocimientos sobre la tecnología o la alimentación saludable. Durante los últimos meses, debido al covid, los encuentros no se han podido llevar a cabo por lo que jóvenes y mayores han compartido sus experiencias mediante videoconferencia o carta.

Los beneficios de este proyecto, explican Daniel Gimeno, presidente de La Caridad, y Alejandro Yus, psicólogo de la organización, son bidireccionales. Por un lado, los mayores pueden aprender de los pequeños a usar las nuevas tecnologías y desestigmatizar la inmigración (muchas niños del Cantín y Gamboa son de origen extranjero). Los niños, por su parte, pueden adquirir herramientas para enfrentarse a la vida y aprender que no todo es inmediato y que la frustración existe. Pronto, si la pandemia lo permite, estos encuentros volverán a ser en carne y hueso