Se había levantado tanta expectación que el asunto ha tendido a decepción en el duelo público ofrecido por el presidente de Aragón, Javier Lambán, y el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón. El combate, más que nulo, estaba apañado. Ambas partes habían decidido previamente no tocarse, en una escenificación perfecta de las necesidades, los miedos y las cautelas que exige un momento en el que tampoco hace falta arriesgar demasiado.

Si se trataba del primer asalto, ninguno ha puntuado. Tampoco se pretendía, dicho está. Alguna mirada de reojo, tanteo y poco más que el repetido discurso de diálogo y trabajo. Después de la primera guerra 'zaragonesa' de la legislatura, se ha representado una tensa paz, conseguida a base de silencios. Le preguntaron a Lambán por los 'cacahuetes' de la Expo. Nada. «No esperen de mí que hable ni de cacahuetes ni de ningún otro fruto seco», ha despejado el jefe del Ejecutivo en uno de los pocos momentos en los que se ha rebajado la tirantez latente. A Azcón se le ha cuestionado por La Romareda. Nada de nada. «No vamos a sacar un conejo de la chistera». ¿Y los Juegos Olímpicos? Pues otra ración de trabajo y amor.

Por ahí se ha ido conduciendo una comparecencia en la que, por no reñir, no se ha discutido ni sobre el conflicto que mantienen el ayuntamiento y la DGA por la propiedad del edificio de los antiguos juzgados de la plaza del Pilar, un asunto que lleva años atascado. Se han lavado las manos, que decida la Justicia. Así, sin más.

En privado, dicen, tampoco ha habido disputa entre los dos líderes. Ya hacia el final, Azcón ha admitido que es «evidente» que existen discrepancias entre ambas partes, «pero no es el momento de hacerlas públicas ni explicitarlas». No era el día de hacer ruido ni de iluminar la sala de negociaciones. «Ni luz ni taquígrafos», ha dicho Lambán, secundado por el alcalde: «Si nos tiramos los trastos a la cabeza, será difícil que haya otra bilateral». Explicado queda.

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No hay que creer, no obstante, que los contendientes, hábiles estrategas en el manejo de los tiempos, no volverán al cuadrilátero en cuanto lo consideren necesario. Azcón, que en 20 días será oficialmente el presidente de su partido en Aragón, ha ganado mucho peso político en el último año. Falta por saber si su camino se dirige hacia las Cortes, donde se enfrentaría directamente con Lambán, que ayer le regaló los oídos a Zaragoza, «que no solo es el motor de la comunidad sino del valle del Ebro», y que debe ser una de las cocapitales de España.

En esa apuesta de Pedro Sánchez por la desconcentración de la capitalidad estatal, Zaragoza «debe ser una de las aspirantes» a juicio de Lambán, que ahí mismo se lo ha medio explicado a Azcón: «Es un proceso que cuando esté maduro te lo plantearé para que lo podamos compartir». Y ya. Lo dicho, se acerca la Navidad, el sábado se encienden las luces de la hermandad en el Pilar, superbola incluida. Y de los cacahuetes, nos quedamos con las cáscaras.