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El Periódico de Aragón

DÍA DEL ORGULLO LGTBI

Orgullo LGTBI en Aragón: solo el 10% de los delitos de odio y agresiones acaban en denuncia

El miedo y el desconocimiento frena a muchas personas del colectivo a la hora de dar testimonio. La ausencia de datos impide visibilizar un problema que las entidades afirman que va en aumento

Colocación de la bandera LGTBI en el balcón del ayuntamiento este martes con el lema 'Zaragoza es diversidad'. Ángel de Castro

No existen en nuestra comunidad datos concretos ni actualizados sobre el número de delitos de odio que se cometen contra las personas LGTBI, pero según las cifras que manejan desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, así como desde el ámbito judicial, apenas llegan a denunciarse el 10% de las agresiones. Los números, por tanto, solo reflejarían «la punta del iceberg» de un problema que, según denuncian las asociaciones y entidades que luchan por los derechos del colectivo, va en aumento.

Pero es precisamente la falta de información y datos contrastados, así como el elevado número de «infradenuncias», que es como se denomina en argot policial a las agresiones que no llegan a convertirse en denuncia, lo que impide a las entidades LGTBI demostrar numéricamente que «los discursos de odio» están provocando un alza de las situaciones discriminatorias o, directamente, de la violencia.

La ausencia de cifras también permite la justificación de algunos discursos, como el de Vox. La semana pasada, el partido de ultraderecha argumentó que no iba apoyar la declaración institucional en el Ayuntamiento de Zaragoza por el Día del Orgullo debido a que en el texto se invocaban «actitudes discriminatorias que hace décadas que no existen, que están superadas o que, si se producen, son absolutamente marginales, y están proscritas y perseguidas por nuestro ordenamiento jurídico».

Pero desde las entidades LGTBI van más allá. Los números reflejan que en 2020 se produjeron menos delitos de odio en España que en 2021 (todavía no están disponibles los datos del año pasado), pero desde el asociacionismo se alerta que están comenzando a darse algunas situaciones que no habían ocurrido antes, como los disturbios en la calle Fita, zona de bares del colectivo en Zaragoza, u otros acontecimientos que no son violencia física pero que sí que suponen un retroceso en materia de derechos y visibilidad, como fue el año pasado la retirada, por orden judicial, de la pancarta con la bandera arcoíris y trans del balcón del Ayuntamiento de Zaragoza.

Colocación de la bandera LGTBI en el ayuntamiento este martes con el lema 'Zaragoza es diversidad'.

Colocación de la bandera LGTBI en el ayuntamiento este martes con el lema 'Zaragoza es diversidad'. Ángel de Castro

Desde la Policía Nacional explican que el elevado número de «infradenuncias» se debe, principalmente, a dos cuestiones: el desconocimiento de las víctimas, que a veces no saben qué se considera un delito de odio como tal ni si lo han sufrido; y el miedo y la vergüenza por si la denuncia puede hacer pública su condición sexual ante sus familiares, por ejemplo.

Falta de confianza

Desde la asociación Somos LGTBI añaden que el problema muchas veces también es que las personas que sufren las agresiones no tienen regularizada su situación en nuestro país, por lo que temen desvelar sus casos ante el miedo a ser deportadas.

Las agresiones contra las personas LGTBI son las segundas más frecuentes dentro de la categoría de los delitos de odio, según expusieron desde la Fiscalía y los Cuerpos de Seguridad del Estado a las entidades del colectivo en una reunión de trabajo que mantuvieron la semana pasada. Por delante están las agresiones con motivaciones racistas y xenófobas, pero muchas veces las víctimas reúnen ambos condicionantes: ser gays, lesbianas o trans y migrantes.

Leticia Ojeda, técnica de Iguales de la asociación Somos LGTBI, explica además que algunas personas agredidas, como los migrantes nacidos en Latinoamérica, suelen mostrar mucha desconfianza hacia la Policía por la corrupción y falta de protección que se da en sus países de origen, lo que también frena que algunas víctimas acaben denunciando. En la entidad disponen de un servicio de orientación y asesoramiento para las personas que sufran este tipo de violencia.

Un difícil recorrido para las víctimas

Denunciar una agresión no es una tarea sencilla. En la asociación Somos LGTBI tienen un servicio de orientación y asesoramiento para víctimas de delitos de odio y saben bien lo que se esconde bajo las cifras de denuncias interpuestas: otras tantas, muchas más, que nunca acaban materializándose.

Esto ocurre, explica Leticia Ojeda, técnica de Iguales de la asociación, porque las víctimas son, en la mayoría de los casos, personas migrantes que no tienen regularizada su situación. «Se han dado casos en los que han ido a poner una denuncia tras sufrir una agresión y han acabado con una carta de expulsión», asegura la especialista. «De ser las víctimas acaban convirtiéndose en delincuentes», lamenta.

Ojeda subraya la vulnerabilidad de muchas mujeres trans que ejercen la prostitución «porque no tienen más alternativas» debido a que hasta que se regulariza su situación no tienen derecho al trabajo. «Hay clientes que no les pagan y les agreden, pero pocas veces denuncian porque ni saben donde acudir o les da miedo desvelar su situación», comenta.

Entre los casos atendidos en Somos recuerda el de un joven de origen Latinoamericano que trabajaba en un hotel en la zona del Gancho. El hombre recibía insultos homófobos por parte de algunos vecinos y, antes de denunciar, acabó dejando el trabajo para evitar a sus agresores.

En su caso, desde la asociación le explicaron qué pasos podría dar, pero nunca pueden obligar a nadie a denunciar. Sí que les ofrecen terapia psicológica para ayudar a pasar el trauma. 

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