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LAS CONSECUENCIAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN ARAGÓN

Los evacuados en Calatayud: "Nos han echado un mal de ojo. Jamás vi un incendio tan pavoroso, tan rápido"

Las llamas cercan varias poblaciones de la Comarca de Calatayud, llevando consigo la incertidumbre y una enorme preocupación por el viento

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Vecinos y turistas, alojados en el recinto ferial de Calatayud

«En el valle del Manubles siempre han pasado estas cosas. Pero aquí nos han echado un mal de ojo. Un incendio tan pavoroso, tan rápido... Nunca había visto algo así». Pío Ignacio, un agricultor de frutales de Moros, se llevaba la última ganchada de arroz a la boca mientras recuerda las últimas horas en su hogar. Ahora, mientras come junto a su mujer María Jesús y su hija Ángela en el recinto ferial de Calatayud, respiran. Con dificultad, pero respiran. En la tarde del martes fueron evacuados junto al resto de vecinos a Ateca. «Pero nada más cenar nos dijeron que nos veníamos para Calatayud», explica la mujer.

La incertidumbre recorre las mesas del recinto y los vecinos evacuados reflexionan en comuna. «Eso no era un incendio, era el infierno. ¡Tendrías que había visto cómo se extendía por el pinar de las Aceras!», se escuchaba en la sobremesa de los moriscos. Los ánimos no están demasiado altos tras más de 24 horas sin nada más en la cabeza que el fuego. Unas ascuas que se meten tan adentro que no dejan ni dormir. Hay gente que lo intenta, bien en las literas habilitadas en una de las naves, bien en los camastros dispuestos para los que se quedaron sin ellas. 

Ángela y María Jesús, vecinas de Moros que fueron desalojadas. Jaime Galindo.

«La gente está cansada, pero sobre todo expectante. Reina la incertidumbre», comentaba Paloma Martínez, una trabajadora social de Ateca, que terminaba de recogía los platos junto a su familia. «Yo a la gente la veo bien, pero lo peor son las dudas que genera la dirección del viento», apuntaba. Coincidía con su opinión el director de la Cruz Roja en Calatayud, Luis Miguel Maluenda. «Se vive todo con expectación», resumía, justo antes de embarcarse hacia Ateca, donde se requierían sus servicios.

Matar el tiempo en un incendio

No hay más forma de matar el tiempo entre los desalojados que hablar. Charlar del incendio y de la vida, pero hablar. «Vaya forma de hacer hermandad nos ha tocado», lamentaba Teresa, una vecina de Alhama. Algunos recurren ya a las cartas, otros descansan, y los que más añoran la sobremesa en el hogar son los padres de Paloma, soliviantados por no poder ver los capítulos de su serie de televisión favorita.

Carlos decía que estaba cansado. Su rostro reflejaba que estaba exhausto. Llegó en la noche del martes para estar con su mujer, trabajadora del balneario de Alhama. «Solo estoy cansado, muy cansado. Las camas son para los que más las necesitan, pero a uno ya empieza a dolerle la espalda y el cuerpo», decía. De las termas también fue evacuada, entre más gente, una pareja de jubilados madrileños, Mercedes y Abel, que disfrutaban de unos días de relajación en el balneario. «El fuego nos ha quitado las vacaciones... Pero qué le vamos a hacer. Aquí nos están tratando muy bien», comentaba la mujer.

El recinto ferial de Calatayud acoge a los evacuados por el incendio. Jaime Galindo.

«Horrible, aterrador. Toda la noche en vilo hemos estado. Mi madre estaba sola en Calatayud y estuvimos pendientes de que no cerraran la carretera. No podía quedarse aislada». Los vecinos de Terrer, como Mario Asensio, contemplan en la mañana de este miércoles como los efectivos de bomberos siguen combatiendo el incendio de Ateca. Van seis localidades desalojadas, 14.000 hectáreas afectadas, y todos los vecinos de la zona aseguran estar «prevenidos y preparados» por si hubiera que marchar.

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