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El Periódico de Aragón

SUCESOS EN ZARAGOZA

Aragón pierde más de 70.000 hectáreas forestales en 20 años

Los bosques calcinados son el 2,7% del total de la masa arbórea de la comunidad

Incendio forestal en Ateca. SERVICIO ESPECIAL

Aragón ha sufrido la pérdida de más de 70.000 hectáreas de superficie forestal a causa de los incendios registrados entre 2001 y el mes de julio de 2022, incluyendo el último gran siniestro registrado hasta la fecha, en la comarca de Calatayud.

Las hectáreas calcinadas suponen el 2,7% de la superficie arbolada de Aragón, que suma un total de 2.608.311 hectáreas, según datos del Gobierno autonómico que abarcan tanto las zonas cubiertas de árboles como las de monte bajo y vegetación rastrera.

La distribución anual de los incendios es muy irregular y está en función de factores como la temperatura, el viento, el grado de humedad y el mantenimiento de los montes. Además, el cambio climático, que ha provocado un tiempo más caluroso a lo largo del año y un descenso de las precipitaciones, está en el origen de numerosos siniestros.

Incendio en los pinares de Zuera en 2008. EL PERIÓDICO

Ello explica que mientras en unos periodos se producen numerosos fuegos, como ocurrió en 2009, con casi 20.000 hectáreas, en otros, en cambio, la extensión quemada es muy pequeña. Por ejemplo, en 2018 solo ardieron 212 hectáreas y en 2020, 336.

El factor que dispara la estadística de masa de bosque destruida son los grandes incendios. En esta categoría se inscribe el que ahora se ha desatado en el entorno de Ateca, donde ha ardido un espacio todavía no concretado en un perímetro de 14.000 hectáreas. Esta catástrofe natural iguala de momento a la que se declaró en julio de 2015 en la sierra de Luna, en las Cinco Villas. Con 13.889 hectáreas quemadas, encabezaba hasta ahora el listado que recoge los datos de las dos primeras décadas del siglo XXI.

El incendio más devastador

 Claro que es preciso retroceder a los años finales del siglo XX para ubicar el incendio quizá más devastador que ha registrado la comunidad aragonesa a lo largo de su historia reciente.

Se produjo en julio de 1994 y calcinó 18.072 hectáreas, en su mayoría de pastos y densos pinares, en torno al pueblo de Villarluengo, en el Maestrazgo turolense. Sin embargo, la superficie total arrasada por las llamas fue mucho mayor, rondando las 40.000 hectáreas, dado que el fuego avanzó sin control y penetró en la provincia de Castellón.

Un pastor pone a salvo el ganado en el incendio de la sierra de Luna en 2015. ANGEL DE CASTRO

Ese mismo año, que sufrió un verano muy seco y caluroso, las llamas se descontrolaron cerca de Uncastillo, en las altas Cinco Villas, y se llevaron por delante 8.648 hectáreas de pinar y monte bajo. Y un año más tarde les llegó el turno a los pinares de Zuera, que han sido muy castigados por los desastres forestales a lo largo de las últimas décadas. En aquella ocasión desaparecieron 4.200 hectáreas.

Volviendo al siglo actual, también fue muy destructivo el fuego que originaron los rayos en los montes de Aliaga y Ejulve, que en el mes de julio de 2009 redujeron a cenizas los troncos que poblaban 7.301 hectáreas en las montañas de esa parte de Teruel.

Ese mismo año, en el entorno de Zaragoza otro incendio se extendió por 6.977 hectáreas en el perímetro del campo de maniobras de San Gregorio y el término de Tauste.

7.820 incendios en dos décadas, 1.120 intencionados

La comunidad aragonesa registró entre 2001 y 2020 un total de 7.820 incendios atribuibles a accidentes o negligencias en su inmensa mayoría. Esa cifra incluye 1.120 siniestros intencionados. Curiosamente, los trabajos forestales, como el realizado en la finca incendiada en Ateca, solo estuvieron detrás de 31 fuegos. Los diversos tipos de quemas agrícolas dieron lugar a 1.296, mientras que los rayos fueron responsables de 1.775 episodios.

Humo y cenizas

Un fuego que causó un gran impacto visual, además de enormes daños materiales, fue el que se cebó en 20001 con el término de Las Peñas de Riglos, a los pies de los Mallos, con un total de 3.278 hectáreas convertidas en humo y cenizas. No muy lejos de allí, en San Juan de la Peña, un incendio estuvo a punto de llegar hasta el mismo monasterio medieval en 1994.

El cambio climático está detrás de muchos de los incendios catastróficos que han asolado Aragón. Pero no es un fenómeno nuevo. Ya en 1980 un fuego devastador quemó 4.189 hectáreas en el pueblo abandonado de Aineto, en una apartada zona montañosa del término de Sabiñánigo.

Una brigada combate las llamas en Riglos en 2003. PABLO SEGURA

Y ocho años más tarde le llegó el turno al término de Calanda, donde ardieron 2.500 hectáreas. Purujosa, en las faldas del Moncayo, también sufrió un siniestro demoledor en 1993, cuando se convirtieron en humo 3.199 hectáreas.

Más cerca en el tiempo, en marzo de 2012, el fuego se apoderó de las laderas de Castanesa, junto a la estación de esquí de Cerler, y arrasó 2.730 hectáreas. El origen estuvo en las brasas de una chimenea o parrilla que un vecino tiró al exterior de su vivienda sin haberlas apagado. El suelo, que estaba muy seco pese a que aún era invierno, propagó rápidamente el fuego.

Los pinares de Zuera volvieron a incendiarse en agosto de 2008, con un resultado de 2.513 hectáreas carbonizadas como consecuencia del fuego desencadenado por un vehículo que sufrió un accidente de tráfico. El avance del humo y de las llamas obligó a desalojar a los 300 vecinos de Castejón de Valdejasa.

Un bombero trocea árboles quemados en el incendio de Ejulve del año 2009. JAIME GALINDO

En realidad, ninguna zona boscosa de la comunidad se ha librado de las llamas en el curso de las cuatro últimas décadas, a caballo de los siglos XX y XXI. «Hay que tener en cuenta que las montañas soportan en la actualidad más presión que nunca», subraya José Fernando de Sus, agente de protección de la naturaleza (APN) y delegado sindical de UGT.

«Por un lado, hay más turismo, más aficionados a los deportes de montaña y mayores aprovechamientos», explica. «Y por otro, debido al éxodo rural, ya no se coge leña en el bosque ni hay tantos rebaños pastando, con lo que la vegetación crece de forma desaforada, sin el control que ejercían los humanos antes del abandono de los pueblos», continúa De Sus.

Récord: 19.648 hectáreas en el año 2009

El año 2009 ostenta el récord de número de hectáreas quemadas desde que empezó el siglo. Fueron 19.648 en un total de 443 incendios. Ese año se produjeron dos graves siniestros, uno en Aliaga y otro entre Tauste y el campo de maniobras de San Gregorio, si bien hubo un 79% de conatos. Otro récord, el de número de incendios registrados en un ejercicio, se produjo en 2005, con 771 siniestros, de los que un 71% fueron conatos. 

Repoblaciones masivas

El resultado es que Aragón tiene ahora una masa forestal «mucho más extensa que a principios del siglo pasado». Sobre todo a partir de los años 60 y 70, cuando se llevaron a cabo masivas campañas de repoblación a base de pinos en amplias extensiones del territorio, en particular en el Prepirineo y en las sierras de la Ibérica.

Y esa enorme extensión de pinares (a menudo mezclados con otras especies arbóreas) se encuentra muy seca en la actualidad. Por culpa de los gases de efecto invernadero y también del propio clima de Aragón, muy árido, con excepción de la franja más próxima al Pirineo.

Para hacer frente a esta situación, la Administración autonómica ha llevado a cabo una política de refuerzo de los medios antiincendios, en gran medida atizada por las reivindicaciones y las denuncias de los colectivos de bomberos y guardas forestales.

Incendio forestal en Ateca. Javier Cebollada

Demandas salariales

«Estos últimos años se han ido consiguiendo cosas y la contratación de los trabajadores se extiende ahora once meses, frente a los seis meses de no hace mucho tiempo», indica Angélica Mazo, secretaria de Servicios a la Comunidad de UGT en Aragón.

Paralelamente, se han ido mejorando las condiciones laborales de los trabajadores que prestan sus servicios en la empresa pública Sarga. Esta entidad cuenta con 1.500 bomberos en las épocas de plena activación, señala Angélica Mazo, mientras que en invierno su número oscila entre los 900 y los 1.000.

Un bombero forestal, señala la responsable de UGT, gana entre 1.200 y 1.300 euros al mes, cantidad que aumenta con la intervención en incendios y con el cobro de distintos pluses y suplementos. «Se trata de un salario que es bajo para el esfuerzo que se pide a los trabajadores en cuanto a disponibilidad, guardias y otras exigencias relacionadas con el tipo de labores que realizan», manifiesta la sindicalista.

 

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