LOS EFECTOS DE LA CRISIS EN LA SOLIDARIDAD

El freno a las donaciones: asociaciones al límite

El Banco de Alimentos y Cáritas aseguran sufrir complicaciones y ya usan fondos propios para dar servicio / Las organizaciones observan cambios en la forma de las donaciones

gran recogida del Banco de Alimentos recaudó menos cantidad que en anteriores ediciones.

gran recogida del Banco de Alimentos recaudó menos cantidad que en anteriores ediciones. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Sergio H. Valgañón

Sergio H. Valgañón

La pandemia transformó nuestras vidas para siempre y, con su llegada, también cambió muchas actividades del día a día. La solidaridad con los más necesitados también vivió sus cambios, aunque sigue presente. 

La ayuda sigue siendo uno de los principales valores de la sociedad aragonesa pero, debido a las circunstancias económicas y a los cambios en las formas de actuar en la sociedad, las organizaciones sin ánimo de lucro notan cómo todo ha ido a peor. El Banco de Alimentos de Zaragoza y Cáritas Aragón viven su momento más complicado. 

«Hemos notado una bajada en las donaciones», relata José Ignacio Alfaro, presidente del Banco de Alimentos en la capital aragonesa, que pone números al descenso: «Antes recibíamos un tráiler de yogures a la semana, ahora solo cinco palés cada cinco días. Pasa con casi todos los alimentos».

Enseres como las galletas o la bollería escasean en la despensa, que por ahora solo llena con una pregunta: ¿por qué? «Entendemos que es algo normal y que se debe a un ajuste de las empresas, que no quieren que les sobre tanta producción». Otros sectores, como el de las hortalizas, mantienen el pulso: «Con las cebollas, por ejemplo, tenemos dentro de la cinta un desvío para nosotros, ya que depende del calibre de cada producto». 

El problema para Alfaro es que la actividad se ha frenado dentro de las propias empresas, «que organizan menos campañas propias que antes». Sin embargo, el presidente de esta institución deja claro que la solidaridad «sigue presente en nuestra sociedad». 

Menos ingresos

Ante estas adversidades, en la institución han decidido echar mano de su propio bolsillo. «El banco nunca había tenido que comprar los alimentos para dar este servicio», cuenta como suceso histórico un hecho que no sabe cuánto tiempo se podrá alargar, ya que «tenemos dinero, pero sin ayuda económica se acabará antes del verano». Aguantan, por ahora, con los ingresos obtenidos en la gran recogida, que se cerró con «80.000 kilos de comida y unos 400.000 euros, conservados en los distintos supermercados participantes». 

Cáritas no recibe donaciones materiales pero sí comparte las mismas sensaciones que el Banco de Alimentos. Carlos Gómez, director de la entidad en Zaragoza, atisba «una tendencia descendente en las personas que aportan a la organización de manera regular». Es decir, que cada vez hay menos socios que mantengan una cuota fija destinada a Cáritas.

Este cambio en la relación del donante con las organizaciones obliga que Cáritas, y todas las demás instituciones, se deban adaptar, «porque no es lo mismo saber que siempre vas a contar con la misma cantidad de dinero en cada ejercicio, que depender de las aportaciones puntuales de un gran número de colaboradores». El cambio de tendencia no genera alarma social, según el propio Gómez, que asegura que «sigue habiendo generosidad, pero se ha perdido esa continuidad, ese socio que estaba cada mes con nosotros».

Otra de las razones por las que la incertidumbres sobrevuela en este momento a estas instituciones es la aparición de fenómenos catastróficos puntuales, como el reciente terremoto en Turquía y Siria o la guerra de Ucrania, que en unos días cumplirá su primer año. «La campaña de Ucrania, o la previsible respuesta a lo sucedido en Turquía y Siria, hace que la gente destine ese dinero, esa ropa y esos alimentos a las personas que más sufren en estos momentos». 

Por último, la situación económica que atraviesa España, marcada por la inflación, también influye en los esfuerzos que los ciudadanos pueden hacer para este tipo de causas. «Es evidente que los ingresos de las familias han sufrido y la gente siempre ayuda cuando le va bien. Entiendo que no se quieran comprometer si ven algo incierto en su futuro». 

Incluso el clima ha influido en el cambio de tendencia en esas donaciones de ropa de abrigo, tan importantes para los más necesitados en esta época del año. Como explica el director de Cáritas, «la gente ha renovado menos el armario y, además, el frío ha llegado mucho más tarde, por lo que ha retrasado el uso de los abrigos y no los ha dado». 

Cáritas también está usando sus propios ingresos para llevar a cabo sus acciones sociales: «Tenemos un déficit importante y ya estamos usando nuestras propias reservas para los proyectos».