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El Periódico de Aragón

FERIA TAURINA DE LA ALBAHACA

Puerta grande para Diego Urdiales en la tómbola de Huesca

Morante pasea una oreja y Manuel Díaz 'El Cordobés' se confirma como un torero descatalogado

Diego Urdiales pasea una de las orejas que ha conseguido esta tarde en Huesca.

La segunda tarde de la Feria de Huesca obedeció casi al milímetro al previsible presupuesto inicial. En el tostadero, las peñas entregadas a la postal de un Cordobés (Arganda del Rey, 1968) que un día tiró de lo suyo para su clientela y en la actualidad está fuera de catálogo, amortizado, totalmente prescindible; en la sombra 'moranteo': patillas, gomina y guayaberas en ellos y abalorios con herraduras sobre blusas apretadas en ellas. Y mucho gintonic. Ondas al radar del operador que homologa al fino catador de arte que tanto pulula.

Pero la corrida -un decir- de la señora Majeroni, cuatro de los torillos con la marca de Castillejo de Huebra y dos con la de José Manuel Sánchez y Sánchez, resultó un repertorio de animales inválidos escasos en carnes y de casi imperceptibles encornaduras. Y seguimos llamando al garito plazas de toros, no de toreros.

La plaza de toros de Huesca ha presentado un muy buen aspecto.

Asumido está que Huesca es una plaza muy tolerante con la presentación del toro pero lo de esta tarde se ha acercado mucho al límite de lo aceptable. En el tórrido valle del Tiétar se lidian novillos que pasarían por los padres de los toros del miércoles. Sin ser ello lo más determinante, lo peor fue el escaso grado de aprovechamiento.

LA FICHA

Cuatro toros de Castillejo de Huebra y dos de José M. Sánchez (1º y 3º).El Cordobés (silencio en ambos); Morante (oreja y silencio); Diego Urdiales (oreja en ambos) Lleno.

A Morante le duró su segundo toro una serie con la muleta, ¡una! antes de pinchar, dejar media y descabellar. En su primero, hubo más ovaciones durante la vuelta al ruedo que a lo largo de la faena. Así está esto. Ese morito flojísimo, muy pitado, no soportó la muleta ni a media altura. La escenografía la puso Morante y aquello coló.

Urdiales tiró de torería sin aspavientos, un oficio efectivo pero bien hermoseado que daba al asunto una pátina de lustre para tapar la inmensa vulgaridad y los viajes defensivos de su primero. Mejor tono tuvo la faena al sexto, en el que amasó una faena larga y laboriosa cuya clave fue darle al toro el beneficio de la duda sin aburrirse. Como acabó de estocada debajo de las peñas dos horas y media después del primer clarinazo surgió la foto: Urdiales en hombros. Cualquiera díría. Y hoy ¡otra de gambaaas!

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