¿Por qué Petilla de Aragón es navarro?

El enclave donde nació Ramón y Cajal está totalmente rodeado por Aragón

Petilla de Aragón.

Petilla de Aragón. / SERGIO Martínez Gil HISTORIADOR Y CO-DIRECTOR DE HISTORIA DE ARAGÓN

Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

En España existen varios enclaves que como mínimo producen cierta curiosidad por pertenecer administrativamente a una comunidad autónoma sin estar en cambio unidos territorialmente a ella. Es el caso del condado de Treviño, totalmente rodeado por tierras del País Vasco pero que forma parte de la provincia de Burgos y a la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Y acercándonos a Aragón, podemos ver otros casos como el rincón de Ademuz, perteneciente a la Comunidad Valenciana a pesar de no tener conexión con ella y sobre todo Petilla de Aragón, localidad también famosa por ser el lugar de nacimiento de todo un premio Nobel de Medicina como Santiago Ramón y Cajal. En esta ocasión nos vamos a centrar en este último caso y en ver las razones históricas por las que este enclave pertenece desde hace siglos a Navarra a pesar de estar totalmente rodeado por tierras aragonesas.

Esta historia nos lleva muy lejos en el tiempo. Concretamente a inicios del siglo XIII, durante el reinado de Pedro II el Católico de Aragón. Este monarca participó en las luchas contra la presencia almohade en la península Ibérica, y de hecho fue uno de los reyes que participaron en alianza en la famosa Batalla de las Navas de Tolosa del año 1212. Sin embargo, en realidad su política estuvo mucho más enfocada hacia el norte de los Pirineos, tratando de fortalecer los lazos dinásticos y de vasallaje que las anteriores generaciones de reyes de Aragón y condes de Barcelona habían tejido en la región de Occitania. Era un proyecto ambicioso; una gran Corona de Aragón que habría abarcado todo lo que va desde el rico y fértil valle del río Ródano por el norte hasta el valle del Ebro y las serranías del Maestrazgo por el sur.

Pedro trató de apuntalar esa influencia utilizando la situación de crisis que se había creado en esas tierras al norte de los Pirineos donde había proliferado el catarismo, y que los papas de Roma querían erradicar por las armas proclamando una cruzada contra la herejía. Así, el monarca aragonés forzó la situación para que los señores cátaros solicitaran su ayuda y así conseguir atarles totalmente en obediencia a la Casa de Aragón. Sin embargo, como sabemos la apuesta le salió rana y fue derrotado en el año 1213 por los cruzados en la Batalla de Muret, donde también perdió la vida.

Jaime I el Conquistador.

Jaime I el Conquistador.

El caso es que antes de ello había que pagar todas aquellas políticas expansionistas, por lo que en el año 1209, Pedro II se vio abocado a pedir un importante préstamo económico al rey Sancho VII el Fuerte de Navarra. Al final se trataba de un préstamo rápido que, de salirle bien todos sus planes al monarca aragonés, podría devolver en poco tiempo. Sin embargo, ya hemos visto lo que le ocurrió, y este tema se convirtió en un gran problema para el reino de Aragón. Y ya no sólo por la devolución del préstamo, sino que como garantía del futuro pago, Pedro II había entregado la propiedad temporal de varios castillos y tierras en el reino aragonés, como Peña, Escó, Gallur y la propia Petilla. Mientras Aragón no satisficiera la devolución del préstamo, esos y otros territorios pasarían a formar parte de Navarra.

Y la situación no era fácil para devolver ese dinero y recuperar aquellas plazas, ya que tras la muerte en batalla de Pedro II, su único hijo legítimo, Jaime I el Conquistador, tenía apenas cinco años y para más inri estaba en manos de Simón de Monfort, el líder de los cruzados que habían dado muerte a su padre en Muret. Una vez le dejaron regresar a la Corona de Aragón, Jaime pasó su minoría de edad con los templarios en el castillo de Monzón, siendo declarado mayor de edad con tan sólo nueve años. Fue entonces cuando comenzó a gobernar, pero la primera década de su reinado la tuvo que dedicar casi en exclusiva a ir apagando fuegos ante las constantes rebeliones de muchos nobles, quienes querían sacar tajada de la debilidad de la monarquía en ese momento.

Pero Jaime creció y acabó por convertirse en un poderoso monarca gracias a conquistas como las de Mallorca y Valencia. Sin embargo, no le sobraba el dinero y esos enclaves que había cedido su padre a Navarra seguían sin volver a manos aragonesas. De todas formas, Jaime I tuvo buenas relaciones con un ya anciano Sancho VII el Fuerte, quien viendo llegar sus últimos días y al no contar con herederos, decidió darle ese puesto al rey aragonés en una reunión que mantuvieron en Tudela en el año 1231. De nuevo Aragón y Navarra habrían estado unidas como en el pasado por un mismo monarca, pero a la muerte de Sancho VII en 1234, la nobleza navarra no quería ni oír hablar de una nueva unión dinástica, estallando las luchas por ver quién se convertía en el nuevo rey. Jaime el Conquistador, que justo en esos años estaba centrado en la conquista de Valencia, no quería abrir un segundo e impredecible frente bélico, de modo que renunció al trono navarro. Eso sí, aprovechó la situación para recuperar por las armas el dominio de todas aquellas tierras que había dado su padre como garantía del préstamo. Todas salvo Petilla, que consiguió resistir a los diferentes intentos aragoneses por recuperarla, quedando desde entonces y hasta el día de hoy como parte de Navarra.