El Periódico de Aragón

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SEXTA DE FERIA : CORRIDA DE TOROS

Feria del Pilar: Una tarde de muletazos robados a la mansedumbre

Una bueyada intoreable de El Risco como reemplazo de la anunciada de Vellosino arruina aún más el cartel con menor tirón de la feria

Alberto López Simón frente al toro que abría el festejo, un ejemplar estrámbótico por fuera y auténtico mansazo en cuanto a comportamiento. ANDREEA VORNICU

Sexta de feria. Continúa el baile de corrales. La corrida anunciada inicialmente de la ganadería de Vellosino es reemplazada por una de El Risco con toda urgencia. Nada nuevo. Es el pan nuestro de cada día en esta feria que nació ratita queriendo ser ratón.

A los equipos gubernativos se les está poniendo cara de niños de San Ildefonso. Los corrales son un inmenso bombo preñado del destino del tinglado, casi a cada hora, en forma de bolita.

Nadie sabe qué saldrá después de cada clarinazo.

Al menos, los festejos populares están saliendo a un nivel altísimo y sin sobresaltos. Por su sitio.

Llegará el día en que lo de por la tarde será el complemento de las vacas, los recortadores, los roscaderos. Al tiempo.

Después de comer parece que no hay voluntad de cuidar al cliente y que con un cartel tan flojo como el anunciado, que atrajo apenas un tercio de entrada, poco importa lo que aparezca por el portón de chiqueros. O eso o lo disimulan muy bien.

¿Se puede embarcar una corrida tan disparatada como la de ayer con destino a una plaza como la de Zaragoza en una feria como la de El Pilar?

El primero y el quinto toros parecían de otra especie (véase foto superior). Cinqueños con cara y cuerpo antediluvianos, con un inmenso volumen y unos cuartos delanteros muy desarrollados, badanudos, hondos... horripilantes. Altamira en estado puro.

Es imposible que algo así embista. Aunque el resto, por otro palo pero igual de estrafalario tampoco se movió. Moverse, hablamos de moverse siquiera.

Tampoco dio de sí el sobrero de El Pilar, en otro aire pero en las manos menos experimentadas del salmantino Alejandro Marcos. Cero de seis.

La corrida, que de primeras era intolerable resultó al fin intoreable.

Llega Morante

La corrida de toros con más expectación de toda la programación no escapa al extraordinario trajín en corrales que se está sucediendo durante toda la feria.

A última hora de ayer, el equipo gubernativo había desechado en el primer reconocimiento casi la totalidad del encierro enviado por Juan Pedro Domecq.

A lo largo de la madrugada estaba prevista la llegada de más ejemplares para completar una corrida en la que están anunciados Morante de la Puebla, Diego Urdiales y un Alejandro Talavante que el día del Pilar en Madrid se dejó un toro vivo tras escuchar los tres avisos. Las entradas están agotadas desde hace diez días.

Más si como queda dicho, Alejandro Marcos (que se presentaba en Zaragoza como matador de toros) se muestra tan poco resolutivo y carente de recursos.

Defensivo con el capote en vez de ganarle terreno al toro de El Pilar, pasó no pocos aprietos hasta deshacerse de la pegajosa embestida. Ahí engañó el toro a todos porque parecía que quería tela por abajo.

Terminó cantando su condición reservona. Se lo guardaba todo regalando apenas medias arrancadas, que no embestidas. El petardo con la espada (siete intentos) fue triste colofón de su desempeño.

Tampoco levantó vuelo con el sexto, un toro menos gordón y atacado, con un pitón derecho astifinísimo que le hizo retroceder con el percal antes de desbaratarlo cuando se sirvió de la muleta. El lío le vino grande.

Álvaro Lorenzo se puso pesadísimo por insistente ante el otro bisonte amorfo, el quinto, también protestadísimo. Al menos su lidia fue un oasis de torería, un engranaje perfecto de la cuadrilla con Andrés Revuelta lidiando y Curro Javier con los palos. La pedrea.

Fue un instante fugaz en una actuación de Lorenzo machacona e insistente que fue a morir a terrenos de la indiferencia.

De ella quiso huir López Simón a base de arrimones y acortar distancias ante el espantoso primero.

Era el inicio de la cosa, el toro había derribado al caballo de picar y los monosabios tardaron un mundo en ponerlo en pie.

Luego el toro, o lo que fuera aquello, se paró y el toreo causó baja para dejar paso a los alardes y temeridades sin rumbo. ¿Entregado o pelmazo?

Menos opciones aún tuvo el cuarto. Es un misterio qué le vio para brindarlo a Jesús Arruga y otro acompañante que, vestidos de paisano, recibieron la dedicatoria en el ruedo. En la arena solo toreros, por favor.

Ante tal mansazo, flojo y sin ningún recorrido, avisado por el pitón zurdo, todo discurrió derecheando. Y todo fue... casi nada.

En esta feria oscilante en la que hay novillos con cuerpo de toro, toros que parecen búfalos, López Gibaja es omnipresente y el público riguroso de un día es complaciente al siguiente, cualquier cosa puede ocurrir. Hasta que lo Juan Pedro embista

LA FICHA DEL FESTEJO

TOROS DE El Risco, que sustituía a la anunciada de Vellolsino. El tercero fue devuelto y reemplazado por un toro de El Pilar.

LÓPEZ SIMÓN

Ovación y silencio.

ÁLVARO LORENZO

Silencio y ovación tras aviso.

ALEJANDRO MARCOS

Se presentaba en Zaragoza como matador de toros. Silencio tras aviso y silencio.

ENTRADA

Menos de media.

Muy buena lidia al quinto por Andrés Revuelta (que ya se había desmonterado tras parear al segundo) y superior en banderillas Curro Javier.

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