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LOS FUTBOLISTAS ARAGONESES EN PRIMERA

Goles desde el Hilarión

Jorge Pombo y Roberto López, los dos aragoneses que han marcado esta temporada en Primera, estudiaron en este colegio del barrio de La Jota. Su familia y sus profesores destacan sus cualidades deportivas y humanas. «Jorge era de fuerte y competitivo carácter, aunque con buen semblante», afirma un profesor. «Roberto era un trasto, no paraba quieto, pero enseguida hacía pandilla y grupo», dice su tutora

 

Guillermo y Yolanda, los padres de Pombo, posan con la camiseta del Cádiz, y Ana y Alba, madre y hermana de Roberto López con la de la Real, en el Hilarión Gimeno. - JAIME GALINDO

Lupe Romerales, directora del colegio, observa las fotos de Jorge Pombo mostradas por su padre, Guillermo. - JAIME GALINDO

S. VALERO
16/10/2020

Los tres goles de futbolistas aragoneses en Primera, del total de nueve que hay en la actualidad, en lo que va de temporada tienen un punto de nacimiento común, el CP Hilarión Gimeno, en el barrio de La Jota y donde Jorge Pombo, que marcó con el Cádiz ante el Huesca, y Roberto López, que lo hizo con la Real Sociedad ante Elche y Valladolid, dieron sus primeras patadas a un balón. Entonces, las pistas del recreo no presentaban el aspecto actual, tras la reciente renovación de algunas de ellas, pero ambos tienen en común ese inicio futbolístico, y también el paso por el Amistad, separado por seis años, porque Pombo, de 26, dejó el Hilarión en el 2006 al final de Primaria y Roberto, con solo 20, lo hizo en el 2012, aunque el recuerdo de ambos está muy presente en todo el colegio.

«En el chat de los profesores todos los lunes comentamos lo que hacen en sus partidos», dice con orgullo Lupe Romerales, la directora del centro a Guillermo y Yolanda, los padres de Jorge, y a Ana y Alba, la madre y la hermana de Roberto, que perdió a su padre, Felipe, en el 2004, justo el año de su llegada al Hilarión y al que sigue teniendo muy presente, también en la celebración de sus goles con la mirada al cielo.

«Jorge era tan movido que le apuntaba a todas las extraescolares, porque no paraba quieto, y destacaba en todas. Recuerdo que hacía los deberes a toda prisa para poderse ir a entrenar», asegura la madre del mediapunta, que recuerda el título de campeón de Aragón de tenis de mesa, sus experiencias en la jota, el tenis o el teatro y, por supuesto, las horas de balón: «Nos poníamos Laura, su hermana, y yo de porteras para que él no parara de disparar».

Traviesos y con talento

Pombo aún guarda relación con Andrés Finestra, toda una institución en el Hilarión Gimeno, ya retirado de la docencia y que fue tutor del exzaragocista. «De Jorge hay que destacar su fuerte y competitivo carácter, aunque siempre con muy buen semblante. Desde pequeño se le veía un enamorado del fútbol y muy zaragocista, a pesar del tiempo que ha pasado desde que dejó el colegio seguimos en contacto y tiene grandes detalles conmigo», relata su exprofesor, sobre el jugador cadista, que pasó por el Stadium Casablanca y el Amistad para entrar en la cantera del Zaragoza en infantiles, aunque con una temporada de regreso al Amistad en juveniles, para debutar en el primer equipo en la 16-17, en Copa ante el Valladolid. Jugó 105 partidos en el Zaragoza, con altibajos en su consideración para los entrenadores que tuvo, con 14 goles y una renovación de negociación eterna.

«Jorge quería jugar en Primera en el Zaragoza, ese era su sueño», asevera su padre. No lo pudo cumplir en el equipo zaragocista, del que salió en enero pasado cedido con opción de compra obligatoria al Cádiz en caso de ascenso, que finalmente se dio y que le supuso vincularse con el club amarillo hasta el 2023. Allí ha debutado en la élite, donde tras convencer de pleno a Álvaro Cervera en verano, ha jugado en cuatro de los cinco partidos, todos de titular, con ese gol en El Alcoraz de cabeza a centro de Malbasic. «Este fin de semana nos toca el Madrid, ese sí va a ser difícil», dice con orgullo Yolanda en referencia a la visita cadista de este sábado al Alfredo di Stéfano.

Ese carácter extrovertido y alegre se nota en Pombo hasta en su foto en la orla del último año en el Hilarión, como también en la de Roberto, ya más moderna en su formato, porque el ahora jugador de la Real Sociedad «era un trasto, no paraba quieto, pero enseguida hacía grupo y pandilla. Su clase además era muy dinámica y hacían muchas bromas», explica María José Lobera, su tutora, lo que corrobora Juan Carlos Fuertes, su profesor de Educación Física en quinto y sexto de Primaria. «Era muy buen chico, aunque era algo traviesillo y había que llamarle a veces la atención para que dejara de hablar», indica, antes de admitir sus condiciones, esa zurda que conquistó a la Real Sociedad y que ya enseña en Primera. «No hacía falta verlo mucho para saber que ahí había un futbolista, tenía unas condiciones atléticas fantásticas. Lo veías jugar en el patio y no tardabas nada en saber que era mucho mejor que el resto».

En el patio del Hilarión Roberto jugaba a fútbol sala, «le gustaba cualquier deporte que tuviera una pelotita», afirma Ana, su madre, que también recuerda los pinitos de su hijo en el tenis de mesa. «Era un gran estudiante, cariñoso y buen compañero, destacando su calidad y capacidad deportiva. Recuerdo que fue campeón de la Olimpiada Escolar», completa Andrés Finestra, que también fue su profesor como en el caso de Jorge y mantienen relación con él, «incluso después de cada partido lo comentamos por WhatsApp, me manda fotos o me dedica algún gol».

Desde esas primeras patadas al balón en el Hilarión Roberto pasó por el Amistad hasta los 15 años. El Zaragoza se fijó en él, pero el mediapunta prefirió seguir jugando con sus amigos en ese club y después hubo que decidir su futuro. Probó en el Athletic, estuvo unos días en el Liverpool, de la mano de José Mari Barba, ahora secretario técnico del Zaragoza y entonces agente, y Lalo Arantegui, director deportivo zaragocista, intentó convencerle para que fichara por el Villarreal, donde entonces estaba en su organigrama técnico. Al final, le convenció la Real Sociedad. Su carrera ha sido meteórica y tiene ya un contrato con el primer equipo hasta el 2025.

Debutó en enero del 2019, con solo 18 años, ante el Espanyol, y este pasado verano la Real Sociedad tenía que decidir si lo cedía o se quedaba en el primer equipo, donde está Imanol Aguacil, su gran valedor. Se quedó y 'Superlópez', como le apodan en Zubieta, ya ha jugado en cuatro partidos, con uno de ellos de titular. Anotó ante el Valladolid de una falta lateral que su zurda envenenó para provocar el fallo de Masip y contra el Elche de un fuerte derechazo por la escuadra. Ese talento y esa pegada, como la de Pombo, nacieron en las pistas de recreo del Hilarión para orgullo de todo el colegio, que hasta lanza una advertencia. «En los próximos años habrá otro jugador que llegue, Sidney So», dice su directora por el alevín que jugaba en el Zaragoza y que ha fichado por el Barcelona .