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Tres en uno

El día de todos

 

Álvaro Sierra Álvaro Sierra
12/10/2019

En un país donde cavar trincheras empieza a ser deporte nacional. Donde los símbolos suelen ser repudiados en alguna tierra vecina por no ser del tinte que combina con una ideología. O donde las tradiciones más longevas son casi un rito tribal para proyectar muros de discrepancia.

Luce con fuerza el oasis de placidez, de armonía, de respeto y de devoción en torno a una figura de 35 centímetros. Una virgen bañada en el pozo de la tradición católica que ha sido abrazada por todo un pueblo sin reclamar ningún pedigrí a nadie.

El día de la Virgen del Pilar es el día de todos. De los que somos de aquí, de los de allá, de los que se fueron y de los que nunca vendrán. Un día de celebración en torno a una tradición que trasciende a la religión. Zaragoza se abre al mundo para mostrar la devoción por su riqueza cultural como pocas ciudades lo hacen.

El 12 de octubre se conmemora el alma de un pueblo. La expresión más honrada de devoción al mismo ser aragonés expresada en la calle, en las plazas o en los ramos que portan cientos de personas hacía la Virgen del Pilar.

Sin pretender hacer una apología del catolicismo, y menos desde mi agnosticismo cada vez más acusado -aunque con esperanzas de reconversión-, tenemos que otorgar el valor que merece al peso de la tradición en nuestra comunidad.

Zaragoza cuenta con una plaza única que reúne dos catedrales inconmensurables: una se reconoce como la protagonista de la histórica unión de reyes aragoneses y la otra como la única expresión católica de una virgen venida en carne mortal al encuentro con el apóstol Santiago.

Más allá de creencias y barriendo los prejuicios que destilan algunos, hay que reconocer que todo ese reclamo cultural se concentra en un lugar de un valor incalculable.

No hay aragonés que en su corazón no lleve a la Virgen del Pilar. No se emocione con un sentido canto jotero a los pies del río Ebro. O no perezca de entusiasmo baturro al recordar una historia tejida de tradición.

A veces los aragoneses no sabemos explicar todo lo que tenemos. Todo lo que hemos sido. E incluso, hasta entre nosotros, nos cuesta sacar pecho de nuestra riqueza cultural.

Y debemos contagiarnos del orgullo más noble: la pertenencia a un pueblo histórico que nunca molesta, que persiste y que sufre como cualquier otro. Porque cuando decimos maño, decimos hermano con toda la fuerza que nos empodera el cierzo.

   
4 Comentarios
04

Por el escolano 20:13 - 12.10.2019

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Cuanta razon tiene el sr. José Z. !!! La identificacion del aragonesismo con la Virgen del Pilar, a la que hace alucion el sr.Sierra, no es mas que una muetra de conservadurismo y de catetismo que me avergüenza profundamente.

03

Por José Z. 15:08 - 12.10.2019

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"Un pueblo, por lo tanto, condenado a la sumisión y a vivir en una farsa perjudicial que no le permite avanzar ni despojarse de las cadenas impuestas por ellos. Podríamos decir que seguimos en el siglo XIX pero sería expresarse con optimismo, en realidad nos desenvolvemos en campos con los que la ultraderecha decimonónica no podía ni siquiera soñar porque en aquella época el pueblo aragonés estaba todavía desarrollando su verdadera personalidad que en absoluto se identificaba con las aspiraciones clericales y ultraconservadoras de sus élites caciquiles, fantasías de beatas meapilas que solo pudieron imponerse con el triunfo del nacional-catolicismo tras el golpe de estado franquista. De hecho, si muchos de nuestros antepasados de esa época vieran a sus bisnietos acudir mansamente a dejar flores en el Pilar para regocijo del elemento clerical y caciquil que a ellos los explotaba sin misericordia alguna y que a día de hoy sigue explotando a sus descendientes se revolverían furiosos en sus tumbas. Por desgracia el aragonés moderno suele ser un individuo conformista, ignorante, pueblerino y ayuno de toda conciencia de su verdadera naturaleza."

02

Por José Z. 15:07 - 12.10.2019

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Pues en algo he debido fallar porque ésta no es la página que quería mostrar, transcribo los primeros párrafos copia y pega: "Pocos pueblos hay más expoliados, más aculturados y con menos conocimiento de su verdadera identidad que el aragonés. Muestra indiscutible de ello la tenemos todos los años por estas fechas con rituales masivos como la Ofrenda de Flores o el Rosario de Cristal que representan la imposición sobre el conjunto de la sociedad aragonesa de las fantasías regionalistas ultraconsevadoras del siempre fascista y clerical caciquismo aragonés tras la sublevación militar, los actos genocidas y la brutal represión subsiguientes a 1936. Podemos afirmar a ese respecto que el aragonés es un pueblo ignorante de su verdadera tradición, de su pasado, un pueblo aculturado que se presta alegremente a participar periódicamente en los espectáculos de triunfo de sus propios verdugos. "

01

Por José Z. 11:05 - 12.10.2019

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Viene bien ver otros puntos de vista, yo ya sospechaba algo cuando me repelía tanto baturrismo.

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