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Daniel Gascón

Spinozismo depresivo aragonés

Todos los escritores del mundo son aragoneses, como demostró geométricamente Félix Romeo. Un caso obvio es el del filósofo Baruch Spinoza, que fue expulsado de la comunidad judía de Ámsterdam y que, en un gesto típicamente aragonés, rechazó retractarse para que lo readmitieran. Es un pensador barroco y nuestro contemporáneo. En el instituto no había un tema dedicado a él en historia de la filosofía, pero el profesor, Miguel Ángel Beguería, explicó algunas de sus ideas ideas y nos trajo el soneto que le dedicó Borges.

En los últimos años se han publicado nuevas traducciones de Spinoza, como las de Atilano Domínguez. Estudiosos como Jonathan Israel lo han vinculado con la Ilustración radical. Steven Nadler, Ian Buruma, Francisco José Martínez y Pilar Benito han abordado aspectos de su pensamiento. Se destacan su idea de la razón, la conexión con las emociones, su vinculación con la ciencia (es un referente para investigadores como Damasio), su defensa de la libertad de expresión. Durante mucho tiempo el énfasis en su tarea epistemológica y moral eclipsó su faceta de pensador político. Pero sus aportaciones son decisivas para el liberalismo. En Spinoza en el parque México, un libro de conversaciones con José María Lassalle que sale en Tusquets estos días, Enrique Krauze --director de la revista Letras Libres, donde trabajo: no vamos a mantenerlo todo en secreto como un speechwriter del presidente del gobierno-- cuenta sus pasiones intelectuales, recorre su vida, los grandes temas del siglo XX y los libros que le han marcado, y habla del filósofo como ejemplo de tolerancia, libertad y heterodoxia.

Krauze me comentó que un disidente aragonés había influenciado a Spinoza. Pensé que sería Gracián (El Criticón estaba en su biblioteca, estudiosos como Julián Carvajal han señalado su eco). Me equivocaba: Krauze se refería a Antonio Pérez, cuyas Relaciones influyeron en el Tratado político, donde Spinoza dedica unas páginas a Aragón como monarquía ejemplar, donde defiende a Fernando el Católico y critica a Felipe II.

Escribe Jonathan Israel: «Spinoza menciona a Pérez varias veces para decir que lo que sabemos de la realidad de la política no viene de los teóricos, sino de aquellos que la viven. [...] El libro de Pérez era uno de los más subversivos en circulación y claramente uno de los favoritos de Spinoza». Participar en la invención del liberalismo y sobre todo olvidar que lo has hecho es claramente aragonés. Así, Pérez y Spinoza no solo son precursores del republicanismo y del liberalismo, sino también de la Izquierda Depresiva Aragonesa, el partido espiritual del gran José Antonio Labordeta, sobre quien se acaba de estrenar el documental Un hombre sin más.

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