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El Periódico de Aragón

Carolina González

IPC: imprescindible parar esta crisis

Se dispara el IPC un 9,8%, rozando los temidos dos dígitos, y no nos sorprende. Lo notamos desde hace un par de meses cada vez que sacamos el monedero cuando vamos a comprar, a echar gasolina o a revisar las facturas de la luz y del gas. En román paladino, que cada vez tenemos el bolsillo más ligero y el cinturón más apretado.

El Gobierno aprueba un paquete de ayudas para, dice, aliviar la mochila de gastos de los ciudadanos. Entre otras medidas bonifica 20 céntimos por litro el combustible para todos –conductores profesionales y no, ricos y pobres– y limita la subida del precio del alquiler un 2%. En total, 16.000 millones de euros. Con un pero importante. Todo ello será válido desde el 1 de abril y hasta el 30 de junio. El porqué de este paréntesis nadie lo sabe. Ni Pedro Sánchez lo ha explicado ni sus socios lo entienden. Una incógnita más de los plazos de las políticas marcados por el Ejecutivo.

La subida de precios del mes de marzo es histórica. Hay que remontarse a mayo de 1985 para encontrar otra mayor. Y encima no es aislada. El incremento del IPC de febrero fue del 7,6% , por lo que en este 2022 llevamos ya más de un 17% de subida de los precios. Y, lo que es más desalentador: no parece que la racha inflacionista termine aquí. Ojalá se equivoquen todos los expertos y todas sus previsiones económicas.

Los culpables de este encarecimiento generalizado de la vida continúan siendo la energía y la alimentación. Justo dos sectores en los que poco podemos hacer, poner o quitar. No se puede vivir sin electricidad, sin gasolina y sin comida. Algunos extremistas dirán que sí, pero en el siglo XXI como que es imposible.

Existen más variables que influyen en esta tendencia alcista. Habrán leído decenas de artículos explicando la coyuntura internacional, la falta de determinados productos, la crisis de componentes, la huelga de parte del sector del transporte... todas entendibles, o no, lógicas, o no, la cuestión es que la vida no para de subir y los salarios no lo hacen en consonancia. Además, determinadas empresas aprovechan para subir precios sin argumento alguno. Me temo que sucederá como cuando se implantó el euro. Tanto redondear que al final todo se encareció y acabamos aceptando como normal el nuevo coste del pan o el café con leche, por ejemplo.

Dice Pedro Sánchez que uno de sus objetivos es «repartir la carga de forma justa». De momento las eléctricas y las petroleras están ganando beneficios de muchos ceros. A la misma velocidad que los perdemos el resto. No sé si tiene solución o solo cabe resignarse, pero empieza a ser bastante indignante, inmoral e inaceptable. Especialmente cuando miramos sus consejos de administración.

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