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La actualidad del Real Zaragoza

El día de la marmota

El otoño trae negros nubarrones al Zaragoza por sexta vez en las siete últimas campañas

Carcedo se dirige a los jugadores que fueron titulares el lunes, al inicio de la sesión de este martes en el gimnasio de la Ciudad Deportiva Jaime Galindo.

Suena el despertador y todo es como ayer. Y como anteayer. La vida del Real Zaragoza gira en bucle sin que nada cambie. Todas las jornadas son iguales y la oscuridad no deja pasar la luz. Otoño siempre se presenta con negros nubarrones que amargan la existencia. Es el día de la marmota, ajeno a cambios de dueños y propiedades. Nada nuevo en torno a un Zaragoza que, como casi cada año a estas alturas, está vacío. De identidad, carácter y fútbol. También de resultados. Lo de siempre.

Porque, por sexta vez en las siete últimas temporadas, aún no amanece. El equipo aragonés ni se levanta ni despierta y aquel sueño de verano va camino de convertirse en una pesadilla. En la zona baja de la tabla, a tres puntos del descenso y con una evidente crisis de autoestima y personalidad, las dudas amenazan con volver a arrasarlo todo. También la paciencia de una Romareda que el lunes dio otro serio aviso a un Zaragoza incapaz no solo de ganar a un rival con nueve, sino empeñado en dar una exhibición de incompetencia futbolística dentro y fuera del rectángulo de juego. No fue solo el qué, sino sobre todo el cómo. Un equipo desnortado y chapucero sin automatismos ofensivos y preso de su propio desorden interno. No lo consentirá el zaragocismo durante mucho tiempo más.

La eterna desazón

Todo es incertidumbre y desazón. Abrasa un Zaragoza que lleva haciendo lo mismo casi desde que emprendió su último descenso a un infierno del que sigue siendo incapaz de escapar. Desde la 2016-17 en concreto y con una sola excepción: la 2019-20 cuando el sol alumbró un otoño brillante que el cuadro entonces dirigido por Víctor Fernández encaró con sus mejores galas. Aquel Zaragoza concluyó la octava jornada en cuarta posición con 15 puntos merced, sobre todo, a 13 goles a favor (nueve más que ahora) y seis en contra (los mismos que en la actualidad).

Fue, en todo caso, la gran excepción. Porque el Zaragoza viene siendo, a estas alturas, muy similar al de Carcedo. De hecho, en la campaña pasada las cosas iban aún peor, con la escuadra de JIM en puestos de descenso (20º) con 8 puntos y una sola victoria. La racha se prolongaría durante varios partidos más hasta batir el récord de empates consecutivos (9).

Un año antes, Baraja vivía sus últimos encuentros en el banquillo. Dos más duraría el pucelano, que afrontaría la novena jornada con los mismos nueve puntos que en la actualidad y desde la decimoquinta plaza. En siete de los diez choques que dirigió, el Zaragoza no marcó.

Antes de la pandemia, el Zaragoza ya había caído presa de la depresión otoñal. En la 18-19, Imanol Idiakez comenzaba a tambalearse tras sumar solo dos victorias en ocho partidos. Dos jornadas después, el técnico fue despedido con el equipo décimo a cuatro puntos del playoff y a tres del descenso después de enlazar seis encuentros consecutivos sin victoria.

En la 17-18, Natxo González atravesaba por un momento delicado y, de hecho, estuvo a punto de ser destituido. Decimosexto en la tabla con 9 puntos (a uno del descenso), el entrenador vasco resistió al frente de un Zaragoza que completaría una magnífica segunda vuelta para acabar disputando el playoff.

De depresión a crisis

Un año antes, Luis Milla también comenzaba a temblar a estas alturas del campeonato, aunque un notable inicio de campaña situaba al Zaragoza séptimo con 12 puntos tras la octava jornada después de tres encuentros sin ganar. La mala racha se prolongaría durante tres más, lo que acabó costándole el puesto al turolense.

Así que nada nuevo bajo el sol otoñal en el Zaragoza. Muy atrás quedan tiempos más plácidos a estas alturas del año, como los tres primeros ejercicios posteriores al descenso de la 2012-13. El primer intento de retorno a la categoría perdida, con Paco Herrera al mando, tampoco fue, en todo caso, para lanzar cohetes. Situado en la zona media de la tabla, casi a la misma distancia de la zona noble que del peligro, el conjunto aragonés era undécimo con once puntos, pero el proyecto comenzaba ya a emitir señales preocupantes.

Un año más tarde, el Zaragoza de Víctor Muñoz rondaba la zona de playoff (era octavo con 13 puntos), aunque el técnico aragonés sería despedido menos de dos meses después por cuestiones extradeportivas con el equipo a un punto de la promoción.

En la 15-16, la escuadra de Popovic afrontó el otoño con sus aspiraciones intactas. A estas alturas ocupaba la séptima plaza con 12 puntos, pero el serbio sería destituido en la jornada 18, a un punto de los puestos de playoff. El director deportivo, Ángel Martín González, también fue despedido.

El otoño pocas veces trae cosas buenas a un Zaragoza al que le invade la melancolía cuando los árboles pierden las hojas. Se acerca el invierno para un conjunto aragonés acostumbrado ya a pasar frío y al mal cuerpo. El que le provocan sus erráticos arranques y el que causa a su gente. Hasta ahora, solo Natxo González superó la depresión otoñal. El resto acabó hundiéndose. Y, generalmente, más pronto que tarde. 

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