Primero fue la psicosis por el papel higiénico en el inicio de la pandemia y antes del confinamiento. Y ahora, debido a la invasión de Ucrania por parte de Rusia, ha llegado una nueva fiebre y es la del aceite de girasol. Eso si, si bien la primera no estaba justificada para nada, sí que es verdad que el aceite de girasol, si bien no escasea todavía, puede hacerlo muy pronto ya que Ucrania es uno de los graneros de Europa.

Alrededor de un 60% de todas las semillas de girasol para elaborar este aceite provienen del país invadido, por lo que se está generando ya una crisis alimentada también por la psicosis colectiva. Algunos supermercados han limitado a 5 litros la compra de este producto y eso ha generado una especie de efecto llamada de gente que quiere comprarlo ya antes de que las existencias sean tan limitadas que el precio suba exponencialmente. Todo ello en el país líder en aceite de oliva, uno de los grandes tesoros de la gastronomía.

¿Pero es para tanto? Ahora mismo no, pero pronto será que sí. "Tenemos ya los 'stocks' al límite y dentro de un par de semanas las empresas más tempranas se habrán quedado sin aceite de girasol y en un plazo máximo de cuatro semanas [lo harán] todas las empresas", explicó Rubén Moreno, director general de Produlce.

Lo que conlleva

Es verdad que lo más visible son las imágenes de desabastecimiento en los supermercados de las garrafas y las botellas, pero hay que tener en cuenta que el aceite de girasol está en otros productos y que es una parte muy importante, por lo que para la elaboración de estos alimentos también habrá escasez y, previsiblemente, encarecimiento de los precios.

Es fundamental en los dulces y en la bollería, que es el sector que más se va a ver afectado posiblemente por la escasez, tanto que ya ha puesto el sector el grito en el cielo. Pero también es uno de los ingredientes fundamentales de la mayonesa industrial (además no se puede hacer con aceite de oliva porque modifica muchísimo el sabor) o del tomate frito. Aunque hay opciones con aceite de oliva, son más caras. Lo mismo sucede con el kétchup y otras salsas como la pesto, boloñesa o napolitana, los snacks (patatas fritas, algunos dulces, barritas, frutos secos y revueltos...), el pan de molde, muchos de los platos elaborados que podemos encontrar en cualquier supermercado, como por ejemplo los arroces o las tortillas de patata...

Para algunos de esos productos sí que se puede usar otro tipo de aceite, preferiblemente de oliva, pero es más caro que el de girasol y, por tanto, el precio también subirá. Y eso por no hablar de los posibles cambios en los procesos productivos.

Por último, otro sector que se va a ver afectadísimo es el de las conservas, ya que precisamente "bañan" sus alimentos en aceite, que generalmente es de girasol. Es el caso de berberechos, mejillones, sardinillas o el atún.