La crisis sanitaria motivada por el covid-19 ha revelado la importancia de cooperar para superar las adversidades y afrontar los desafíos del mundo actual. Ahora, con la vista puesta en la recuperación económica, las alianzas y las agrupaciones empresariales se atisban como claves para su consecución. En Aragón, las cooperativas están muy presentes en el sector agrario, y representan el 25% de la producción en algunos sectores, como los herbáceos o el de suministros. El sector agroalimentario juega además un papel imprescindible en la economía aragonesa como eje vertebrador del territorio. Se trata del segundo sector económico en Aragón, con unos 18.000 empleos y una facturación de más de 5.000 millones de euros anuales.

Con estos datos como telón de fondo, EL PERIÓDICO DE ARAGÓN organizó y acogió en su web el pasado martes 29 de junio un webinar informativo para conocer cuál es la realidad de las cooperativas aragonesas. Participaron en el debate Joaquín Olona, consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón; José Víctor Nogués, presidente de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón, entidad que representa a 159 empresas cooperativas aragonesas; Mª José Velilla, ganadera, miembro del Consejo Rector del Grupo Cooperativo Pastores y miembro de AMCAE (Asociación de Mujeres de Cooperativas Agroalimentarias de España); y José Antonio Guerrero García, director territorial de Cajamar.

Resumen del webinar sobre cooperativismo en el sector agroalimentario

Las cooperativas agrarias aragonesas han desarrollado un trabajo fundamental durante la pandemia, incluso colaborando en tareas de limpieza y desinfección. Ahora, el sector necesita apoyo y reclama que parte de las ayudas dirigidas a empresas de los fondos de recuperación lleguen también al sector agroalimentario. «Han sido parte esencial en la pandemia, absolutamente determinantes como parte de la cadena alimentaria tanto en el ámbito productivo como en el de la distribución y la comercialización», aseveró Joaquín Olona, quien se encargó de abrir el encuentro digital. El consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón destacó que en los peores días de la pandemia no solo se garantizó el abastecimiento, sino que también existió variedad en la alimentación, algo «en gran medida canalizado por las cooperativas».

Joaquín Olona, Consejero de Agricultura. Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón. Servicio Especial

Con esta visión coincidió José Víctor Nogués, presidente de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón, cuando explicó que a pesar de haber sido un año «muy complicado» las cooperativas «habían estado a la altura». Nogués subrayó que el esfuerzo ha sido grande y que, a pesar de todo, «el sector primario ha funcionado».

Mª José Velilla, por su parte, incidió en que las cooperativas surgen «por la necesidad de agruparse para defender los intereses de las empresas pequeñas, fortalecerse frente a los tratantes y representar al sector». Velilla, que es ganadera, miembro del Consejo Rector del Grupo Cooperativo Pastores y de AMCAE, señaló que la pandemia ha recordado a la sociedad la dureza del individualismo: «Ojalá que cuando esto acabe no volvamos al individualismo y recordemos lo que han hecho las cooperativas en estos tiempos tan difíciles. Como ganadera yo soy una voz, pero en mi cooperativa, todos juntos, somos 800 voces».

Y a la idea de la necesidad del cooperativismo se unió José Antonio Guerrero García, director territorial de Cajamar, la primera entidad cooperativa de crédito. Resaltó que en estos meses se ha puesto en valor lo común, la aportación y la generosidad. «Dentro del sector agroalimentario, las cooperativas han sido una solución. Cuando empezaba en marzo de 2020 esta situación había mucha incertidumbre ante situaciones como el acopio de alimentos. Había dudas sobre si la cadena de alimentación sería capaz de soportarla, y las cooperativas han jugado un papel muy importante en la elaboración y distribución. Con el tiempo se pondrá en valor el retorno de este modelo», dijo Guerrero García.

Agricultura familiar

Esta semana el Gobierno de Aragón aprobó el Proyecto de Ley de Protección y Modernización de la Agricultura Familiar y del Patrimonio Agrario de Aragón, con el que se pretende reorientar la economía agraria hacia este modelo.

José Víctor Nogués recordó que en la última asamblea de cooperativas ya se habló de la defensa de una economía social real gracias a los principios cooperativos. «Somos parte del territorio. Reivindicamos el papel de las cooperativas en el medio rural para mantener nuestros pueblos vivos con una agricultura y ganadería real, y eso significa tener personas. Si Aragón quiere un territorio vertebrado y con gente, necesita cooperativas con un modelo comarcal y de servicio que cuente con empresas y con nuevas tecnologías», expresó Nogués.

En este sentido, agrupaciones y Administración van de la mano. Olona manifestó que desde el Departamento de Agricultura «tenemos que ser capaces de ayudar e impulsar ese proceso para que exista una mayor concentración, que es la fuerza de las cooperativas». «Hay que entender que las cooperativas son absolutamente esenciales para que el modelo de agricultura familiar pueda afrontar el futuro. Sin ellas, lo tiene muy difícil. Pero también al contrario: las cooperativas, sin modelo de agricultura y ganadería familiar, no tienen razón de ser», afirmó el consejero.

Sin embargo, Olona señaló que toda esta evolución tiene un objetivo claro: apostar por las cooperativas como una herramienta eficaz para la agricultura familiar, por lo que deben adquirir una mayor dimensión. «Las cooperativas compiten con el resto de las empresas y juegan con las mismas herramientas en el mercado. No pueden renunciar a la dimensión, hay que abandonar el prejuicio de que no es conveniente. El compromiso del departamento es ayudar a las cooperativas a concentrarse y ganar en profesionalidad y eficacia. Es economía social, pero no pueden olvidarse de que son empresas», señaló Olona.

José Antonio Guerrero García, director territorial de Cajamar, cree por su parte que el sector agroalimentario tiene una inquietud en crecer en tamaño, eficiencia, inversión y en I+D+i: «No podemos estar a la zaga en unos mercados que se están digitalizando y transformando. Un productor individual puede estar ahora muy desorientado. Si uno va solo, la probabilidad del fracaso es mucho más alta que si va acompañado. El cooperativo es un modelo de éxito, más generoso, pero solo si es sostenible desde el punto de vista financiero. El mercado es muy exigente y las empresas, aunque apuesten por la industria 4.0 o la sostenibilidad, deben reinventarse continuamente».

José Antonio Guerrero García, director territorial de Cajamar. Servicio Especial

También apuntó hacia el mismo sentido Mª José Velilla, quien conoce de primera mano las realidades del sector ovino. Aseguró que agruparse es «la única solución para competir en un mercado cada vez más global y grande». Asimismo, reconoció la problemática específica de su sector: «El ovino está muy poco estructurado, ya que pocas iniciativas innovan en I+D+i para promocionar el cordero. Las cooperativas realizamos inversiones en beneficio de todos, en muchos casos perdiendo competitividad frente a algunos tratantes que no tienen ninguna responsabilidad». 

Adaptarse a los nuevos retos es fundamental para un sector que moviliza tal volumen económico. Como explicó Guerrero García, los objetivos de desarrollo se basan ahora en utilizar esas nuevas herramientas para maximizar la producción, hallar fertilizantes menos agresivos, reducir el consumo de agua y energía, etc. «En el I+D+i reside la clave para ser competitivos en el nuevo mercado, pero ese desarrollo requiere de grandes inversiones que son imposibles si no se llevan a cabo con grandes grupos. En España hay muy pocas cooperativas todavía, mientras que en Europa nos multiplican por dos y tres en cantidad y volumen. Eso es bueno: nos queda mucho por hacer», apuntó el director territorial de Cajamar.

El problema de la PAC

Tras su buen hacer en la pandemia, el sector agroganadero necesita apoyo y reclama que parte de las ayudas dirigidas a empresas de los fondos de recuperación lleguen también al sector agroalimentario. La Política Agraria Común está en boca de todos. Unos solicitan que las ayudas lleguen a los sectores más dañados, otros defienden que el café para todos es todo lo contrario a una solución eficaz. Mª José Velilla fue la primera en mencionar el tema. «Necesitamos ayuda para fomentar la innovación y el desarrollo, por lo que pedimos que dentro de la nueva PAC se incluya al ovino dentro de los sectoriales para poder tener nuestros propios programas operativos y afrontar esas inversiones tan necesarias para el sector», dijo Velilla. Además, la ganadera destacó que el dinero de las ayudas debería otorgarse a las cooperativas que más innoven y trabajen en el desarrollo.

María José Velilla, ganadera y miembro del Consejo Rector del Grupo Cooperativo Pastores y de AMCAE. Servicio Especial

Sin embargo, el consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente no está muy de acuerdo, como afirmó haber manifestado en distintas ocasiones. «Soy bastante escéptico en que la utilidad de la PAC sea ayudar a través de las organizaciones de productores», dijo. El consejero aseveró que «no se está entendiendo bien» el propósito de la PAC. «No es una política de precios y mercados, sino una política de rentas. Pretendemos lo segundo y es un fracaso. Hay una falta de valentía desde el ámbito político, pero también desde el propio sector, a reconocer cuál es la realidad». La causa, para Olona está clara: «No hay que engañarse: el modelo familiar sin ayuda es inviable. Con otros modelos igual alcanzas la rentabilidad; con este, no. Hay que asumir que el modelo familiar no es rentable. Pero la estabilidad en los pueblos depende de este modelo, y por eso es necesario el apoyo directo a la renta. Eso es la PAC».

El relevo generacional y la mujer

Como se incidió en numerosas ocasiones durante el webinar, la economía familiar es vertebradora del territorio. Y para ello, tal y como defendió José Víctor Nogués, la clave ahora es averiguar «cómo enganchar a las mujeres y los jóvenes para que se queden en el medio rural». En las cooperativas lo tienen claro. «Deben estar en los puestos de mando, ya que muchas están en mandos intermedios pero no lo están en los consejos rectores», planteó Nogués. «Los jóvenes ven las cooperativas como una cosa de sus padres y abuelos. Hay que transmitirles los valores y principios porque piensan más en el corto plazo. Quizás tengamos que reeducar, reinventar las enseñanzas a los jóvenes para que vean lo positivo de estos valores, como se ha visto en la pandemia. Tenemos que ganar dinero y ser competitivos, pero sobre todo debemos poner por delante a las personas», concluyó el presidente de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón.

Joaquín Olona reafirmó «lo preocupante que es la actitud de los jóvenes, que rechazan las cooperativas». «Son más que una empresa, tienen valores que las sociedades mercantiles no tienen. Pero insisto en que si la estructura económica no es la adecuada, todo se va al traste», apuntilló Olona. Además, el consejero de Agricultura y Ganadería subrayó la importancia de articular una política de defensa para el modelo familiar y cooperativo. «La renta agraria imputable al modelo familiar es del 20%, lo que supone un serio peligro. Y está en peligro por los modelos corporativos y meramente empresariales, con el que el modelo familiar deberá convivir. No habrá una situación de exclusividad. Hay que convivir, competir y cooperar, todo a la vez».

Sin embargo, la voz en primera persona la puso Mª José Velilla. «Sin las mujeres y los jóvenes, las explotaciones no tienen futuro. Sin la mujer no hay mundo rural; si se va, los pueblos se vacían. La mayoría de las mujeres que hoy día están en las explotaciones lo están a la sombra del marido, del padre o del hermano. No están dadas de alta como trabajadoras y no sienten las explotaciones como suyas, por lo que buscan trabajo fuera de los pueblos. Y si no hay jóvenes, no hay relevo generacional. Estamos tratando de formarlos y asesorarlos para que esto vaya hacia adelante».

Retos y desafíos

A pesar de los problemas de la rentabilidad, el sector busca mirar hacia adelante. Las cooperativas y su modelo familiar están en línea con los objetivos para alcanzar la sostenibilidad. Como afirmó José Víctor Nogués, hay que «reivindicar» el papel de las cooperativas para incrementar el agroambientalismo: «A mí me gusta, más que el medioambiente, el buen ambiente. Y en las cooperativas jugamos un papel muy importante para asesorar en estos temas. En Aragón necesitamos unas cooperativas que sean medianamente sostenibles pero con un tamaño suficiente para llegar a exportar nuestros productos. Si queremos unas empresas de economía real, necesitamos unas cooperativas con un tamaño suficiente». 

José Víctor Nogués, presidente de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón Servicio Especial

Además, Nogués cree que para incorporar a los jóvenes, a parte de que su explotación sea rentable, es necesario atraerlos con ayuda desde el terreno. «Llegar para trabajar desde la ciudad al campo sin tener a personas que ya estén allí o explotaciones familiares es muy difícil. Y ahí las cooperativas tenemos mucho en lo que ayudar», aseguró el presidente de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón.

Sobre la problemática para atraer a la juventud al sector agroalimentario, José Antonio Guerrero García, director territorial de Cajamar, incidió en que este debe ser «atractivo económicamente». «Creo que hay una oportunidad importantísima porque hay un movimiento de deslocalización desde las grandes ciudades. Con los medios de comunicación que existen hoy en día, la vida fuera de la gran ciudad es mucho más sencilla. Esto supone un viento a favor para atraer a jóvenes, mujeres y los servicios, pero lo primero es que exista rentabilidad y viabilidad económica», concluyó el director territorial de Cajamar.