Andrea Fírvida Fernández es sinónimo de dualidad. De lunes a viernes, trabaja como Sargento del Ejército del Aire en el Ala 31 de la base aérea de Zaragoza. Los fines de semana, viaja por los estadios de fútbol españoles para ejercer como árbitra. A partir de la temporada que viene, Fírvida Fernández se sumará a Paola Cebollada y ocupará el hueco que dejó Marta Frías en la plantilla de árbitras de Liga F, representando al comité aragonés y convirtiéndose en la única colegiada que logra ascender esta temporada.

¿Cómo se sintió al enterarse de su ascenso? ¿Cómo ha pasado estos últimos días?

No me lo esperaba y me lo tomé como un chute de energía. Fue como cuando firmé mi plaza en el trabajo. Tardé muchísimo en asimilarlo, aunque no tuve tiempo para hacerlo porque esa misma tarde y todas las tardes de esa misma semana tenía que hacer la formación online de árbitro VAR. Las árbitras de Primera División ya la habían hecho a lo largo de la temporada y ese mismo fin de semana debía ir a hacer las prácticas en la sala VOR de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Recuerdo que estaban ahí Clos Gómez y Undiano Mallenco y me dijeron 'las que habéis ascendido no habéis tenido tiempo de celebrarlo porque estáis aquí con la formación VAR, pero cuando terminéis os echáis unas cervezas'. No me dio tiempo a celebrarlo. No me lo esperaba porque solamente subía una árbitra este año. Sobran árbitras en Primera.

Este es el colofón a muchos años de trabajo. ¿Qué siente al mirar atrás y ver su progreso?

Es lo que más pienso. Son muchos años y ya lo había intentado varias veces. Para subir a Primera femenina es necesaria una especie de oposición, al igual que para subir de Tercera División masculina a Segunda B. Consiste en ir a Madrid a hacer pruebas. Lo había intentado muchas veces y en alguna de ellas había logrado ser reserva, pero lo veía muy difícil. Este año era el más complicado para ascender, no ha parado de subir el nivel. Esto ha supuesto llegar a lo que tantos años de preparación y exigencia me ha llevado.

¿Cómo comenzó su pasión por el arbitraje?

Empecé en 2013 porque hacía un año que había dejado de practicar fútbol y lo echaba de menos. Barajaba las opciones de entrenar o arbitrar y, tras darle vueltas, me llamó mucho la atención la segunda idea. Recuerdo ir un verano al Comité de Árbitros y apuntarme a un cursillo. Al empezar, me decían que con esto debía picarme el gusanillo y, cuando esto sucediese, no lo iba a querer dejar. Se ve que me picó [ríe].

Su relación con la práctica deportiva no acaba ahí, ya que es campeona de España militar de 1.500 metros. ¿Cuánto tiempo lleva ligada al deporte?

Toda la vida. Empecé a practicar el atletismo hace cuatro años, cuando me metí en el ejército. Se realizan distintas pruebas allí y me tomé como reto batir el récord de la academia. Como se me dio bien, me apuntaron a competir a nivel militar en campeonatos nacionales de atletismo y de pentatlón, en el que también fui campeona el año pasado. Que se me diera bien en lo militar me hizo practicar atletismo por lo civil, y ahora estoy federada.

Trabajar como Sargento del Ejército del Aire debe aportar a la hora de mantener la forma física para arbitrar.

En los tres años de academia, hay una parte del día aplicada a la preparación física y después, cuando estás en el destino, va más por tu cuenta. Dentro de nuestro horario laboral, tenemos una hora que podemos aprovechar para la práctica deportiva. La vida en el ejército tiene muchas similitudes a la vida en el arbitraje, entre ellas el hecho de llevar una vida activa y hacer deporte.

¿Cómo es compaginar su trabajo como militar con el arbitraje?

Es fácil. El horario de trabajo en el Ejército del Aire es de lunes a viernes de 7 a 14, pero yo tengo una plaza de mecánico de vuelo y me toca viajar a otros sitios los fines de semana. Llevamos personal y cargas a Turquía, Líbano, Rumanía, Canarias, vuelos locales… Si vuelas mucho, es fácil que un viaje de tres o cuatro días pueda consumirte un sábado o un domingo. El año pasado, cuando estaba en Segunda División femenina, mis compañeros me cambiaban algunos vuelos que me coincidían con partidos, algo que me sucedía un fin de semana al mes. No me han puesto ningún problema y, ahora que he dado el salto a Primera, donde tengo que tener “blindados” mis partidos, mis mandos me han dado el visto bueno. El mundo del deporte y el ejército tienen muchos convenios para respetar todo lo que tenga que ver con las personas que trabajan en el deporte profesional. Me han dicho que no hay ningún problema por su parte y que este año lo haremos así. Veremos si no tienen que cambiarme muchos vuelos y, si no, tendré que bajarme de alguno el día de mañana.

Se suma a una lista de árbitras aragonesas de gran nivel en la que se encuentran Paola Cebollada, Marta Frías o la asistente Carmela Capistrós.

Hay mucho nivel. Hemos tenido como punto de alza a Marta Frías. Han aumentado el número de fichas de árbitras en Aragón en los últimos cinco o diez años y ha llegado gente pisando fuerte para mantenerse muchos años aquí. Estamos muy bien valoradas: Carmela ha sido la mejor del año y ha subido a Primera RFEF masculina, y Paola lleva en Primera División femenina desde que fuese creada la plantilla de árbitras para esta categoría completada por mujeres, en el año 2017. También tenemos dos compañeras en Segunda División, que es la categoría que dejo ahora. La plantilla femenina aragonesa está bastante bien cubierta.

¿Ha podido hablar con alguna de sus compañeras y otros árbitros de la RFEF?

He descubierto que tengo un montón de compañeros muy buenos porque recibí unos 200 mensajes. Aún me quedan muchos por responder. Compañeros con los que empecé a arbitrar en 2013, con los que he coincidido en los años posteriores… Ha sido una lluvia de mensajes de un montón de árbitros, también profesionales. La reacción de la gente fue increíble. No pensaba que fuese a llegar a tal cantidad de personas y que se acordarían de mí tantos compañeros.

Árbitras como Marta Frías han manifestado haber recibido insultos machistas en varias ocasiones. ¿Afecta el hecho de ser mujer a la hora de ejercer una profesión tristemente acostumbrada este tipo de comentarios?

Yo me muevo en dos mundos predominantemente masculinos. Como eres mujer, te van a mirar diferente y te van a observar más. Llamas más la atención porque no suele haber mujeres y se fijan en ti más. Eso hace que te miren más con la puntilla y digan '¿qué está haciendo?'. En el trabajo, a veces me siento muy observada e incluso se comentan cosas. La gente ve a un chico y una chica y hacen distintos comentarios. De mí se comentan cosas que luego me hacen pensar '¿por qué del compañero no opinas esto siendo que no está haciendo tal cosa?' o '¿por qué tienes a la mujer más observada?' Siempre llamas más la atención por el hecho de ser mujer. La de los árbitros de fútbol es una profesión muy odiada y lo que cambia es que estamos en el -1 antes de empezar. Es más fácil comenzar un partido si eres un árbitro hombre de dos metros porque ya tienes una parte del encuentro arbitrada, te van a respetar más porque eres grande. Nosotras iniciamos el partido en el -1: te tienes que hacer valer más antes de empezar. Cambia el tipo de insulto, pero todos somos odiados por igual solo por el hecho de ser el enemigo en el campo de cara al público.

La permisión de ciertos comportamientos en el fútbol es un problema grave. ¿Qué cree que debería de cambiar para erradicar la violencia en el fútbol?

En otros deportes, nadie habla durante las jugadas del partido. Si se aplicasen sanciones más serias, la gente empezaría a pensar que, si hablan, perjudican a su equipo, y se callarán. Si muchos aficionados vieran grabadas las reacciones que tienen, cambiarían. Lo que debe hacerse es sancionar fuerte para educar a esas personas y que sepan que, si obran mal, van a estar tiempo alejadas de un campo de fútbol. No deben tener un pase libre para hacer y decir lo que quieran.

¿Le ha tocado vivir alguna situación violenta? ¿Cómo la ha afrontado?

Hace años, yendo como asistente a algún partido de regional o de juveniles en un pueblo, me viene a la mente tener que salir del campo entre el vallado y escoltados porque la gente viene a comerte, gritándote a un metro. El protocolo indica que siempre hay alguien de buen hacer, como el delegado del equipo o la persona que nos recibe en los campos. Lo único que se puede hacer es salir escoltado hasta los vestuarios y que te cuiden para llegar después hasta el coche, pero ya está. No he vivido nada extremadamente violento en mi carrera.

¿Existe un clima más respetuoso en el fútbol femenino respecto al masculino?

Está menos contaminado. No sé si acabará contaminándose conforme vaya cobrando más protagonismo, pero es diferente por el momento. Es un ambiente más limpio, más pulcro.

Tras alcanzar la Liga F, ¿qué objetivos se marca?

Mi objetivo ahora es asentarme en la categoría. Es un salto muy grande, especialmente desde que la Liga es profesional. Me gustaría hacerme un hueco entre la plantilla e ir adquiriendo experiencia. Ahora solamente tengo en vista hacerme a la categoría.