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Análisis

La segunda bofetada ha sido la de Podemos

 

Joan Tapia Joan Tapia
03/05/2019

El pasado lunes, en un primer balance de urgencia, destaqué que el gran aumento de la participación (el 75% en España) había servido para derrotar al maximalismo exclusivista, a los que fanfarroneaban de tener toda la razón y predicaban soluciones exprés. La bofetada descomunal fue la del PP neoaznarista que ha perdido la mitad de su porcentaje de votos (del 33% al 16,7%) y ha bajado de 137 a 66 diputados. Una caída del 50% de los escaños. Convertir en prioridad otro 155 y en urgencia nacional expulsar a Pedro Sánchez de la Moncloa se ha estrellado contra una España plural que reconoce la complejidad de sus conflictos.

Pero la segunda bofetada ha sido la podemista. Ha bajado de 71 diputados de Podemos y confluencias en el 2016 a 42. Conserva así solo algo más de la mitad, el 59%, de los escaños del 2016, aunque la pérdida es menor (quedan 42 de los 57 de entonces, el 73%) si excluimos a los diputados obtenidos en el 2016 en Galicia y Valencia por las crisis posteriores con las Mareas y Compromís. Sean 29 o 15 los escaños perdidos (de menos, son 29), el proyecto de Pablo Iglesias ha sido el más zarandeado tras el de Pablo Casado y José María Aznar.

Fracaso de la alianza

¿Por qué? En el 2016 Podemos ya se estrelló en su intento de sorpasso al PSOE (que muchos gurús daban por hecho) al fracasar la alianza con la antigua IU (la candidatura unida de los dos perdió más de un millón de votos) y quedarse en 71 diputados frente a los 85 del PSOE. Ahora la derrota por la hegemonía de la izquierda es más severa. El PSOE sube a 121 escaños y ellos bajan a 42. Antes se dijo que Podemos pagaba el haber votado contra la investidura de Sánchez, pero ahora ha sido castigado todavía más tras el pacto de los últimos meses. Las causas son más profundas.

La primera es que el discurso catastrofista (la democracia española es una ruina) ha perdido mucha fuerza porque España ha salido de la crisis y se crean unos 400.000 empleos anuales. Hay mucha desigualdad y mucho empleo temporal (no todo fruto de la crisis), pero siempre es mejor un empleo temporal al paro porque aumenta el consumo de las familias. Por eso el Iglesias del 2016, que exigía acabar con el nefasto régimen del 78, ahora en los debates de TV, en los que fue el más acertado, no cesó de recurrir a la Constitución del 78 como fuente de la autoridad moral.

Pérdida de credibilidad

La otra razón es que los cambios de discurso, las peleas internas (en particular con Íñigo Errejón) y la adquisición de hábitos de clase media (el famoso chalet) han hecho perder a Iglesias credibilidad. Todas las encuestas le señalan (junto a Casado) como el líder menos valorado.

Y dos buenas noches en televisión no bastan. El electorado no se ha creído que lo mejor para garantizar un Gobierno del PSOE realmente progresista sea votar a Podemos.

Y hay una tercera causa. Ni la radical rectificación que realizó el presidente Alexis Tsipras en Grecia (con buenos resultados) ni lo que ahora pasa en Venezuela avalan -sino todo lo contrario- las recetas de Iglesias sobre el capitalismo. Caracas tiene poco sex appeal.