Opinión

La gigafactoría, todo a una carta

El sector del automóvil se enfrenta a años convulsos pero decisivos y el macroproyecto que plantea Stellantis en Figueruelas es una pieza decisiva para apuntalar un tejido productivo que vive pendiente de una negociación a tres bandas. Si fracasa, sería imperdonable 

Recreación. Infografía de la futura gigafactoría de Envision en Navalmoral de la Mata.

Recreación. Infografía de la futura gigafactoría de Envision en Navalmoral de la Mata. / César Álvarez

Cuando uno tiene todas las cartas en la mano para poder ganar la partida definitiva y las juega de forma equivocada, el fracaso solo es imputable a quien ha cometido el error. Ese parece ser el escenario en el que se encuentran el Gobierno central, el Ejecutivo aragonés y Stellantis. El que Aragón sea capaz de atraer una gigafactoría para producir baterías de vehículos eléctricos depende de los tres, pero el grado de responsabilidad de cada uno de ellos no es el mismo a día de hoy. Que la comunidad reciba una inversión de entre 2.000 y 3.000 millones de euros y varios miles de empleos depende en estos momentos de la capacidad de armar una solución a tres bandas que satisfaga a todos, pero también requiere de una buena dosis de paciencia por parte de Stellantis, de la audacia del presidente Azcón, de la generosidad del Gobierno y de la habilidad del nuevo ministro de Industria, Jordi Hereu, que tendrá entre sus primeros cometidos lidiar con un asunto que se ha enquistado por cuestiones técnicas, pero que ha de resolver más pronto que tarde. Si no lo hace y pierde la partida, el fracaso será sonado.

El sector del automóvil en Aragón mira al Pignatelli, a Moncloa y al cuartel general de Stellantis en París. El foco estará puesto en este final de año en estos tres puntos de atención, si bien el tejido productivo de la comunidad vinculado a la automoción tiene más frentes abiertos, entre ellos la crisis de Airtex y su posible deslocalización a Rumanía. 

Quien fuera expresidente de Producción y Cadena de Suministro de Opel Europa y exdirector de la fábrica de Figueruelas, Antonio Cobo, lanzó esta semana varias preguntas vinculadas al futuro del sector y a los retos a los que se enfrenta. Lo hizo en el Foro de la Movilidad, celebrado en el Pabellón Puente de Zaragoza ante los máximos representantes de los fabricantes de coches, los concesionarios y los proveedores en España. Y no fue con rodeos: ¿Cuántos vehículos seremos capaces de fabricar en el futuro? 

Cuando uno tiene todas las cartas en la mano para ganar la partida y las juega de forma equivocada, el fracaso solo es imputable a quien comete el error

España goza hoy de una buena reputación e incluso de mejores cifras de producción que hace 40 años, algo que no pueden decir países como Alemania, Reino Unido e Italia. Eso es posible gracias a su capacidad para competir, el desarrollo de su logística, la cualificación de sus directivos, el grado de especialización de sus plantillas, el aprovechamiento de sus recursos energéticos y a unos costes laborales razonables. Pero mañana no será suficiente. China ha pasado de montar dos millones de vehículos en el año 2000 a 27 millones en 2022, lo que hace presagiar que el gigante asiático se lanzará a conquistar nuevos mercados en los próximos años o, dicho de otra forma, a abrir plantas en otros países y continentes. Por eso, no es de extrañar que el CEO de Stellantis, Carlos Tavares, se haya aliado con el fabricante chino de baterías CATL para reducir el coste de sus coches eléctricos en Europa. Un ejemplo es el Corsa que se fabrica en Figueruelas, que monta baterías de esta compañía asiática. «Europa es incapaz de fabricar vehículos eléctricos», subrayó recientemente el máximo responsable de Stellantis. El mensaje es claro: si no puedes con el enemigo, únete a él.

Por eso es tan importante para Aragón levantar en Figueruelas una gigafactoría. Porque supondría entrar en un escenario nuevo y prometedor. Porque esa inversión podría ser el preludio de otras como la posible instalación de nuevas fábricas de producción de coches asiáticos en la comunidad (¿por qué no?). Porque se situaría como punta de lanza del sector en España y el sur de Europa. Porque su efecto de arrastre sería incalculable. 

Zaragoza tiene todas las cartas para ganar la partida, es decir, terreno en abundancia (propiedad de Stellantis, por cierto) para construir la factoría, la energía suficiente para abastecer el macrocomplejo, la trayectoria y el bagaje de más de 40 años de historia, la localización y equidistancia ideal para convertirse en un hub del automóvil de primer nivel, una apuesta clara por el desarrollo de la economía circular, una cantera de profesionales sin parangón en España y un sinfín de bazas que le hacen ser el mejor candidato para albergar una gigafactoría. 

Zaragoza lo tiene todo. Si pierde esta vez la partida, quizá no la pueda jugar nunca más.

rbarcelo@aragon.elperiodico.com