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La opinión de Sergio Pérez

El perfil profesional de Raúl Sanllehí y el ojo en Juan Carlos Cordero

Raúl Sanllehí, director general del Real Zaragoza. JAIME GALINDO

La dirección que ha marcado la nueva propiedad del Real Zaragoza es nítida desde su desembarco en la ciudad. Aunque este mal inicio de temporada, inesperado por lo profundo del socavón, ha alterado inevitablemente los juicios emocionales más cortoplacistas, el grupo inversor lidera un proyecto rotundamente de ascenso en el medio plazo. Para generar el contexto necesario para que las posibilidades de subir aumenten, que nada es plenamente cierto en un mundo incierto como el fútbol, han tomado diferentes decisiones estructurales y económicas en los últimos meses, acompañadas de las consiguientes medidas, especialmente en forma de ampliaciones de capital y de importantes desembolsos.

Así, la SAD consiguió elevar el límite salarial por encima de los diez millones de euros, evitar la venta de los principales canteranos, construir el equipo alrededor de ellos y situarse en un escalón en el que los sueños están permitidos. En su política de expansión financiera, que tendrá continuidad porque este proyecto solo cobrará verdadero sentido si alcanza la Primera División, juega también un papel capital el estadio de fútbol, una nueva casa a partir de la cual generar riqueza para el club y darle sentido a la inversión caminando hacia un escenario en el que la obtención de réditos y beneficios sean posibles.

La estrategia del grupo que preside Jorge Mas está más que definida. Cada paso ya dado la dibuja y cada paso por dar la reafirmará. En su recorrido iniciático se han encontrado muy pronto más dificultades de las esperadas. El equipo, la razón de ser de la Sociedad Anónima, el que produce alegrías y genera depresiones, el que da y quita razones, ha arrancado muy mal la temporada, muy lejos del lugar para el que fue diseñado.

El Real Zaragoza cometió varios errores importantes en verano. Mantuvo la confianza en Miguel Torrecilla de manera sorprendente y le renovó por un año cuando su lista de deméritos era ya larga y su descrédito social excesivo, se equivocó con Juan Carlos Carcedo, al que la plaza le superó por completo, y volvió a errar demasiados tiros en los fichajes, con énfasis en ataque y Gueye como botón de muestra. Demasiado dinero utilizado de modo desafortunado.

Raúl Sanllehí es quien hace y deshace en el Real Zaragoza. Por lo tanto el que tomó las decisiones en verano: se encariñó con Torrecilla y eligió a Carcedo. El director general es un ejecutivo de alto nivel, con un recorrido en el fútbol muy destacable. Ha participado en algunas de las negociaciones más importantes del fútbol en las últimas décadas y trabajado en clubs del máximo escalafón. Es un defensor de su gente, por la que pone el pecho, como ya ha hecho públicamente en varias ocasiones, una persona de acción si el momento lo requiere y un hombre inteligente y, sobre todo, sereno y decidido siempre a marcar los tiempos. Y muy ambicioso.

En ese contexto es donde hay que situar el momento actual. El Real Zaragoza despidió a Torrecilla hace más de tres semanas y tenía decidido prescindir de él mucho antes. Sin embargo, el club continúa sin director deportivo. Su primer objetivo es Juan Carlos Cordero, que ascendió de Segunda B a Primera con el Granada, de Segunda B a Segunda con el Cádiz y construyó el Tenerife que casi rozó la gloria la campaña pasada. Su situación contractual en las islas es compleja y su fichaje obligaría a un importante desembolso. Pero es el primer nombre en la lista de Sanllehí y quien le entró por el ojo para dirigir el proyecto deportivo al menos los próximos tres ejercicios. Ha hecho y hará todo lo posible por hacerlo posible. Como hizo con Carcedo. O con Fran Escribá, entrenador de Primera que ha bajado a Segunda. Solo si esa vía le es rotundamente imposible, tomará otro camino.

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