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El Periódico de Aragón

La 40ª jornada de Segunda

Cristian saca la gaita. La crónica del Oviedo-Real Zaragoza

Festival del meta en un frenético partido en Oviedo de un redimido Zaragoza que se ganó el perdón

Cristian evita el gol de Obeng en una de las numerosas intervenciones del meta zaragocista. LA NUEVA ESPAÑA / LUISMA MURIAS

En Asturias, Cristian sacó la gaita. Fue un festival apoteósico, de los que quedan para siempre grabados en la retina y en la memoria colectiva. El recital del meta del Real Zaragoza fue colosal. Delicioso. Brutal. Hasta cinco intervenciones decisivas protagonizó el argentino, que detuvo un penalti a Borja Bastón a mano cambiada. El espectáculo fue grandioso. Le hicieron tres, sí, pero evitó muchos más. En tierra de gaitas, la de Cristian sonó como ninguna. 

La soberbia actuación del cancerbero, en todo caso, se alinea con un espléndido partido de un Zaragoza redimido y que se ganó el perdón tras los últimos fiascos

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La soberbia actuación del cancerbero, en todo caso, se alinea con un espléndido partido de un Zaragoza redimido y que se ganó el perdón tras los últimos fiascos. Especialmente, después del vergonzoso episodio de hace nueve días, cuando abochornó a su gente, incluido el malogrado Violeta, con una sonrojante goleada en casa a manos del descendido Alcorcón.

Lo del Tartiere fue otra cosa. Otro equipo. Otro fútbol. El Zaragoza, herido y corajudo, tiró de ese orgullo que se le reclama cuando ya no hay nada más en juego para presentar batalla ante un Oviedo al que le iba media vida en el duelo. Igualaron los aragoneses el empuje, la intensidad, la agresividad y el arrojo de los asturianos, que, si bien se estrellaron en la inconmensurable figura de Cristian, también retuvieron un punto gracias a Femenías, providencial en la última acción del encuentro ante Vada.

El partido fue un éxtasis inesperado, un delicioso arrebato de descaro y un arranque de orgullo de un Zaragoza decidido a lavar su imagen. El impetuoso frenesí ofensivo vino provocado, además, por la incomprensible decisión arbitral de castigar con penalti una mano de Azón cuando el canterano estaba de espaldas sin saber por dónde andaba un balón que fue a parar a su brazo. El chandrío, chivado por Ocón Arraiz desde el VAR y secundado por De la Fuente Ramos en el campo, obligaba al Zaragoza a tirar de remolque desde el principio. Apenas se habían recorrido los primeros diez minutos de un partido que pasó al terreno de la locura.

Reacción ejemplar

Porque la reacción del equipo aragonés fue ejemplar. Tras el tanto de Borja Bastón, que transformó la pena máxima regalada por la pareja arbitral, el Zaragoza, lejos de amilanarse como acostumbra, se envolvió en rabia para lanzarse a la yugular de su oponente. En la jugada siguiente, el equipo aragonés ya había devuelto las cosas a su sitio al batir Bermejo a Femenías tras un rechace del meta al cabezazo de Azón. El balón, peinado por Zapater tras un saque de banda, volvería al mismo lugar apenas cuatro minutos después, cuando Jair mandaba a la red un centro de Gámez ante la pasividad de la defensa carbayona. La orgullosa reacción del Zaragoza le otorgaba ya el perdón por afrentas pasadas. Disculpas aceptadas.

Pero poco le duraría la alegría a los aragoneses. Después de la primera obra maestra de Cristian ante Obeng, el meta no pudo evitar el tanto del delantero al rematar a placer un centro desde la izquierda de Brugman. Esta vez fueron Jair y compañía los que pecaron de excesiva quietud.

La locura colectiva en la que se había instalado el encuentro contrastaba con el tedio de las últimas contiendas de un Zaragoza, al fin, deliciosamente ido. Francho, en dos ocasiones consecutivas, perdonaba el tercero pero no Bermejo, que empalmó al fondo de las mallas un despeje de la defensa ovetense. El madrileño, estelar, volvía a poner por delante a un Zaragoza desatado al que daba gusto ver atacar. Eso sí, en defensa la cosa era bien distinta.

Pero el delirio no iba a cesar. Cristian deleitaba con otras dos piezas magistrales ante Isaac y Bastón antes de que el descanso amenazara con serenarlo todo. No fue así. De hecho, Brugman volvía a nivelar la contienda a los tres minutos con un certero disparo lejano que ningún zaragocista llegó a tiempo de tapar. La electricidad del duelo era deslumbrante, como el cabezazo de Azón a centro de Chavarría que se estrelló en el palo poco antes de que Cristian salvara otro gol al desviar un disparo envenenado de Obeng.

Pero el colofón vendría después. Una mano de Sabin devolvía el partido a la escena primaria, con Bastón en los once metros y Cristian sacando brillo a esa gaita con la que creó música celestial. Su excelsa actuación mantuvo vivo a un Zaragoza honesto, honrado y honorable que, incluso, estuvo a punto de adornar su bien ganado indulto con una victoria que Vada estrelló en el antebrazo de Femenías. 

Real Oviedo: Femenías; Carlos Isaac (Joni Montiel, m. 73), Costas, Dani Calvo, Pierre Cornud (Mossa, m. 16); Sangalli (Viti, m. 46), Luismi, Brugman (Javi Mier, m. 85), Borja Sánchez; Obeng (Matheus, m. 73) y Borja Bastón.

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Fran Gámez, Lluís López, Jair, Chavarría; Francho (Petrovic, m. 79), Jaume Grau, Zapater (Vada, m. 73); Bermejo (Puche, 92'), Iván Azón (Álvaro Giménez, m. 73), Sabín Merino (Narvaez, m. 73)

Árbitro: De la Fuente Ramos (Colegio castellano-leonés). Amonestó a los locales Brugman (7') y Obeng (60') y a los visitantes Chavarría (59’), Francho (75'), Jaume Grau (87') y Petrovic (93').

Goles: 1-0, M. 14: Borja Bastón. 1-1, M. 17: Bermejo. 1-2, M. 20: Jair. 2-2, M. 26: Obeng. 2-3, M. 14: Bermejo. 3-3, M. 47: Brugman.

Incidencias: Partido correspondiente a la 40ª jornada de LaLiga Smartbank disputado en Carlos Tartiere (Oviedo) ante 13.529 espectadores. 

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