Las calles de Zaragoza han visto de todo. O casi de todo. Así que salirse del tiesto para llamar la atención no siempre es sencillo si lo que buscas es que la gente se acuerde de ti. Precisamente, «¿qué hacemos para hacer algo diferente?» fue lo que se preguntó un grupo de artistas hace unos meses. «Y salió esto. Las ideas suelen salir de la nada», cuentan ahora. Y ese «esto» resulta realmente embaucador. En la calle conforman un pelotón en el que están un escultor, una cantante de rap, un guitarrista flamenco y una bailarina.

Juntos son Callejeo Zaragoza, un cuarteto de artistas que ahora utilizan la vía pública para expresarse. Cuentan con licencia municipal, como tantos otros en la ciudad, pero lo que se puede ver en Fernando el Católico, donde suelen ponerse, es un mix que la gente que se acerca «agradece mucho».

Como son cuatro las patas de este banco, vayamos por partes. Óscar Palacio es el escultor. Cada día que está en la calle elabora una figura de arcilla que deshace cuando recogen los bártulos para comenzar de nuevo al día siguiente. Todo lo improvisa sobre la marcha. No hay planes establecidos. «A veces me guardo algunas partes y las aprovecho después. Por ejemplo este rostro (el de la imagen que acompaña estas líneas) mañana lo convertiré en el de un hombre. Si me guardara todo, el taller se me invadiría», ríe.

Palacio vive de su arte. O lo intenta, porque en el mundo de la cultura «todo es más complejo» en lo que se refiere a la subsistencia. Decidió sacar el taller a la calle, a pesar de las dificultades que ello implica, «porque hay que reinventarse». La climatología no pone fáciles las cosas, eso sí: «si hace frío el barro se endurece y si hace calor se reseca», explica mientras humedece su escultura con un pulverizador. ¿Y si llueve? «Pues nos vamos, pero corriendo tampoco. Yo nunca corro», dice el artista.

Óscar Palacio hace y deshace todos los días una escultura. ÁNGEL DE CASTRO

En unas semanas prevé modelar plastilina, que ahora está recopilando porque necesita «mucha» y también quiere dibujar y demostrar sus habilidades en otro tipo de artes. Su carrera comenzó hace más de tres décadas, cuando no se graduó en la escuela de artes: no pudo acabar la formación pero se quedó con la copla de lo que el arte significaba. Después la vida le arrastró hacia un camino más convencional y tras 30 años trabajando en otro menester, hace cinco que volvió a su taller.

«Hago muchas cosas. Escultura, caracterización de cine, bodypainting, cosplay, trajes de ciberpunk... Me van pidiendo cosicas. Ahora hay muy pocas personas que te compren una pieza de arte como tal pero las artes aplicadas al espectáculo pueden dar algo de trabajo en estos tiempos», explica Palacio. 

Desde las batallas de gallos

A los mandos del micrófono de este cuarteto callejero está Eli-T, una improvisadora nata que antes competía en batallas de gallos raperas. «Pues mira, aquí estamos, empecé a improvisar pero sin insultar y junto con los ritmos flamencos de Javi ha salido esto», dice la joven, sabedora de la mezcla de estilos que conlleva su propuesta. «Como somos tantas cosas si no te gusta una cosa te gusta otra. Somos como un supermercado: aquí tienes de todo y a buen precio», ríe.

En su caso, se unió a Callejero Zaragoza «para desahogarse» y quitarse el gusanillo de actuar en directo. «Es una forma también de darte a conocer y de demostrar que en esta ciudad hay mucho movimiento musical», dice Eli-T. Los temas que canta en la calle son improvisados y ello le permite interactuar con su efímero público. «Tenemos muy poco tiempo para convencer a la gente de que se quede mirando, no es como un concierto al que acudes porque quieres, por lo que si te refieres a ellos y cantas sobre lo que ves llamas más la atención. Enganchas», afirma la cantante.

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Al escultor y a la cantante le acompañan el guitarrista, Juan Martín, y la bailarina, que también improvisa sus movimientos según se desarrollan los acontecimientos. De nombre Marta, es, además, hija de Óscar, el de la arcilla. «Hago teatro, circo, he sido profesora de danza, canto, toco la guitarra... no paro. Y si encima alguien de tu familia, como es mi caso, te dice que si nos ponemos, pues nos ponemos. Y esto ha salido», explica.

«Salimos a la calle por dos razones –reflexiona Óscar–. Si nos premian por nuestro esfuerzo, bien. Pero sobre todo queremos aportar algo a la ciudad. Queremos demostrar que la cultura no ha muerto, a pesar de todo, para decirles a las nuevas generaciones que dedicarse a esto merece la pena. Que se arriesguen». Callejeo Zaragoza, de jueves a domingo en los mejores adoquines. Si no llueve.